Opinión

Desconocía ese discurso del pasado, pero no le convencía lo que escuchaba

Rodolfo Villarreal Ríos

Desconocía ese discurso del pasado, pero no le convencía lo que escuchaba

Periodismo

Enero 22, 2021 21:08 hrs.
Periodismo Nacional › México Coahuila
Rodolfo Villarreal Ríos › guerrerohabla.com

Hace ya muchos años, tantos que empiezan a adentrarse en la noche de los tiempos, un joven de entonces miraba como a su alrededor todos estaban al punto del paroxismo. Habían visto y escuchado un discurso que casi les arrancaba las lágrimas. Eufóricos espetaban que ahora sí, ya se terminaron las horas aciagas, habrán de llegar los tiempos de luz. Aquel joven permanecía callado respecto a todo aquello. Desde septiembre del año anterior mantenía que el escogido no era el adecuado. A la distancia y con la información escasa que tenía estaba convencido de que otro era la persona quien debió haber sido seleccionada. Sin embargo, ese día la euforia de los demás lo obligaba a mantenerse reservado, lo miraban como el equivocado. ¿Qué no había escuchado aquella pieza de oratoria conmovedora? ¿Acaso no lo impresionaba el porte de quien sentíase la versión redimida de la antigua deidad de la blancura, de la pureza? Ese muchacho no tenía remedio, de nada le servían los cuatro años y medio de insistencia machacona tratando de alejar de su mente ideas impuras. Lejos estaba de percatarse cuantas veces en el porvenir habría de enfrentar una situación similar, aguantar a pie firme el chaparrón mientras otros saltaban de alegría festinando que ahora sí este era el adecuado para salvar al país y/o a la humanidad. Al final, los resultados habrían de dar la razón a quien consideraban el errado. Mucho tiempo después, mientras andaba en una de esas situaciones, por casualidad, encontró un texto que de haberlo conocido en el pretérito se los habría mostrado a los eufóricos, pero entonces era un estudiante de economía y no un historiador. Vayamos a esa pieza de oratoria pronunciada, hace casi un siglo, una década y un par de años, durante la Convención del Circulo Nacional Porfirista.
El orador, hombre culto a no dudar, empezaba por apuntar que ’aunque México es la Capital y el foco á donde convergen toda la luz y toda la fuerza de la nación, ella por sí sola no forma ni puede formar la República, ni tiene título para imponer su voluntad á todo el pueblo mexicano. Muchos de los habitantes de esta capital, deslumbrados por los esplendores de su innegable progreso y de su creciente grandeza, sufren la ilusión del medio que los cerca, se olvidan de lo que no ven ó conocen, y se imaginan que no hay nada atendible ni importante fuera del perímetro de esta ciudad; más, para los espíritus no preocupados y que saben tender la mirada más allá de horizontes estrechos, las cosas pasan de un modo muy diferente, y la nación mexicana existe, más allá, mucho más allá de estos términos reducidos.’ Si bien esa era la postura de aquel orador, hoy en nuestros días, aun hay en quienes prevalece una perspectiva resumida bajo una frase del ayer que decía: ‘Fuera de México todo es Cuautitlán.’
Sin embargo, el personaje buscaba pintar un panorama que para nada correspondía a los tiempos que se vivían, en donde aquello era el país y la voluntad de un solo hombre. Bajo una lente que seguramente tenía ciertas propiedades inaccesibles para la mayoría, afirmaba que…’ México, si bien es el centro principal de nuestro territorio, está muy lejos de ser el único, pues hay otros muchos aparte de él, que saben pensar más alto y querer con voluntad firme y enérgica. Merced á la forma federal de nuestro gobierno, tienen, á Dios gracias, los veintisiete Estados que constituyen nuestra Unión, un modo de ser autónomo, con centros espaciales de vida propia, donde se desarrollan ideas, opiniones y energías independientes, en rica variedad de brillantes y poderosas idiosincrasias. No pasa entre nosotros lo que acontece en otros países, donde la totalidad de la vida intelectual y de la voluntad soberana reside en la cabeza de la nación, la cual se encarga de la jefatura suprema de las provincias, y piensa, delibera y resuelve por ellas, como si fuesen siervas ó incapacitadas.’ Para no dejar dudas de que era un conocedor amplio de los que sucedía en el mundo, el orador salió a dar un paseo por Europa, Sudamérica y los EUA para mostrarles a los asistentes que el paraíso estaba aquí y no en otros lados. Primero, le dejamos, lector amable, estos dos párrafos reproducidos textualmente para que vea como, desde entonces, ’México no hay dos.’
’Tal ha sido el papel que ha representado París en la historia de Francia. Desde la Gran Revolución hasta nuestros días, lo que París ha hecho o deshecho, ha sido aceptado humildemente por el resto de la nación: así derribó la monarquía y estableció la República, ó destruyó la República y fundó el imperio napoleónico; derribó á los Borbones y encumbró á los á los Orleans; restableció la República, la derribó de nuevo, impuso el imperio de Napoleón III y aniquiló otra vez el poder imperial para preparar el advenimiento de la tercera República, que hasta ahora encabeza y dirige los destinos franceses.’
’En nuestro continente no faltan ejemplos de una índole parecida. La República Argentina tiene una población escasa de 6.000,000 de habitantes, con una capital europea; y casi todo lo que es y representa, se halla reconcentrado en Buenos Aires, magnífica ciudad de más un millón de almas, rodeada de ciudades y villorrios de secundaria importancia, cuando no de pampas inmensas donde se alimentan cantidades fabulosas de ganado. De esa desproporción, de ese desequilibrio entre la capital y el resto del país, resulta que Buenos Aires es, por su poder y peso efectivos, toda la República Argentina. Países como los mencionados ofrecen un brillante espectáculo, por la intensidad de su vida concentrada en un solo punto; pero, como carecen de fuerza difusa, están expuestos á serios y grandes riesgos, porque cualquier dolencia sufrida por el núcleo poderoso que los gobierna puede paralizarlos de improviso, ó bien llevándolos á remolque por caminos errados y contrarios á las opiniones y á los deseos del mayor número.’ Pero no se vaya a creer que el parlante veía todo bajo una óptica oscura, también había ejemplos de los que se podía aprender cómo hacer las cosas.
Para ello, les mostraba lo que sucedía en tres naciones indicándoles que ’hay otros por el contrario, que, ya por causas que arrancan de la historia misma de su formación, ya por motivo de sus sabias instituciones políticas, funcionan armónicamente divididos en partes ó componentes autónomos, que constituyen organismos aparte, los cuales, enlazados á un centro común por hábiles artificios, vienen á formar el gran cuerpo de la nación, dotado, no de un sólo cerebro, sino de numerosos cerebros, no de un solo pensamiento, sino de numerosos pensamientos, no de una sola voluntad, sino de varias y eficaces voluntades. Así Italia y Alemania, por ejemplo, divididas hasta hace poco en reinos ó principados, tuvieron diversos focos de existencia independiente, los cuales, comprendidos más tarde dentro de una sola nacionalidad, han venido á constituir Estados vigorosos, que han florecido ó florecen con extraordinario esplendor.’
’Otro ejemplo de ello nos presenta la vecina República de los Estados-Unidos del Norte, formada por colonias inglesas ó francesas que vivieron separadas entre sí, hasta que las unió el lazo federal de su Constitución sapientísima, el cual no destruyó sus energías particulares, sino las armonizó y centuplicó para la lucha por la grandeza y la prosperidad del conjunto.’ Con esas muestras en las alforjas, retornó al entorno local.
Para hacerles saber que ’México, por fortuna, pertenece al tipo de las naciones de esta última clase, en que la vida nacional en todas sus manifestaciones, no se halla concentrada tan sólo en una gran capital populosísima, fastuosa y casi aislada en medio de un país inferior y sumiso; de suerte que ca da uno de éstos trabaja por su propia cuenta, se gobierna según sus métodos propios, forma su cultura interior, tiene sus ideales regionales y abriga propósitos de carácter particular. El gran principio de la división del trabajo, que nos ha enseñado la naturaleza, que la naturaleza práctica, pero que ha llegado á nuestro análisis bien tarde, ha sido elevado por nuestra generación á la categoría de regla de vida; y, aplicado al modo de ser nacional, va dándonos los mejores y más fecundos resultados. Merced á él hemos visto que la descentralización administrativa, económica é intelectual, es el factor más eficaz y potente del progreso de un pueblo que desea engrandecerse y abriga el firme propósito de lograr su objeto.’ Tras de toda esa afirmación, no quedaba sino invocar el espíritu de Manuel del Refugio González Flores para que fuera a escudriñar tras de las cortinas, debajo de los escritorios y en los cajones y ver en donde estaba el tarugo que creyera eso. Lo que sigue, por favor, le recomendamos a los originarios de las entidades mencionadas en el párrafo que viene, proveerse de un pañuelo no vaya a ser que en un rato de localismo arrebatado suelten algunas lágrimas.
Como muestra de lo bien que se realizaron las cosas, de manera continua durante el cuarto de siglo previo, les planteaba una situación esplendorosa indicándoles que ’si tendemos la vista por la extensión de nuestra patria, quedaremos altamente complacidos ante el espectáculo que ofrecen los Estados de nuestra Unión, trabajando cada uno por sí, activa é infatigablemente, y realizando dentro de los límites de sus sendas fronteras, verdaderos prodigios de adelanto en un breve lapso de tiempo [sic]. Yucatán produce una riqueza agrícola que le eleva en pocos años á fabulosa prosperidad; en tanto que sus literatos y poetas constituyen, al lado de los más famosos de México y otros señalados lugares, la aristocracia de nuestra intelectualidad nacional. Nuevo-León pasma con su rápido progreso; pues de territorio casi desierto y pobre que era, ha pasado como por vía de encantamiento, á ser en poco más de veinte años, el centro industrial y fabril más importante acaso de la República y uno de los mayores emporios de nuestros negocios. Chihuahua, largo tiempo adormecido en la inacción, se despierta de pronto, comienza á explotar sus inmensas riquezas, y va resolviendo por medio de leyes trascendentales y bien meditadas, los problemas étnicos, educativos y económicos que habían permanecido por tantos años olvidados y en espera de estudio. Coahuila explota sus inmensas hulleras, se sacude y organiza, y entra de lleno en la vía del trabajo y del adelanto. Puebla, á corta distancia del Distrito [Federal], se enorgullece, con razón de la abundancia y la prosperidad de sus fábricas, y aumenta todos los días su bienestar y cultura. Y Veracruz, ese otro centro de luz y riqueza, desarrolla al parque sus elementos materiales, el talento y el numen de sus hijos inspirados y preclaros. —Si me fuese lícito, siendo hijo de Jalisco, mencionar también mi Estado natal, me sería grato pintar el cuadro de su marcha ascendente por la senda del bienestar material y de la más elevada cultura; pero corto aquí la enumeración para no pecar de difuso.’
Con esa descripción quien podía dudar de que todo marchaba de maravilla ante lo cual era factible alcanzar cualquier cosa en el terreno que se deseara. Bajo esa premisa, el orador indicaba: ’Pues bien, señores, de ese estado de cosas, nace la formación de diferentes núcleos intelectuales y políticos, que piensan, como suele decirse, con su cabeza y tienen voluntad y medios para llevar á cabo sus ideales. De eso no debemos dolernos, sino congratularnos, porque, así distribuida nuestra fuerza vital por la vasta extensión de nuestro país, tenemos una garantía mayor de vida fuerte y estable, y podemos aspirar á un porvenir mejor cimentado, de gloria y prosperidad. Cada una de las laboriosas agrupaciones que forman nuestra federación, trae su contingente al bienestar y progreso comunes, y la fuerza y la savia que circulan por la República, están formadas por el oxígeno que respiran nuestros Estados á plenos pulmones.’
Convencido de que sus palabras reflejaban el entorno real prevaleciente precisaba que ’he hecho mención de nuestro modo de ser político y de la importancia de nuestras entidades federadas, para poner de relieve todo el respeto que estas se merecen, y se palpe la necesidad en que toda empresa política se halla, de obtener el auxilio y la cooperación de esos pujantes organismos, para tener respetabilidad verdadera, y no malgastar su energía en esfuerzos inútiles. No, repito, México no quiere ni puede imponer al país su voluntad o su capricho; no puede ni. debe resolver nada sin consultar la opinión del pueblo que forma los Estados; los políticos y hombres de importancia de aquí, deben obrar de consenso con ese pueblo para lograr sus fines, y si no lo hacen, o no llegarán á lograrlos ó será débil y perecedera su obra. Todos cuantos problemas pesan sobre el país, tienen que ser resueltos por el pueblo mexicano en conjunto, y no por una sola agrupación de él, por más inteligente y respetable que sea.’ El terreno estaba listo, había llegado la hora de descorrer el velo y anunciar el porqué de la perorata vertida.
Con la voz engolada y el pecho inflado soltó: ’Al aproximarse el fin del actual, período presidencial, se ha hecho patente la necesidad de afirmar nuestra situación general, y dejar bien establecida desde ahora, que la mano firme que ha dirigido con tanto acierto nuestros destinos durante un cuarto de siglo no abandonará la nave del Estado á los peligros de posibles borrascas, sino continuará gobernándola con la misma energía y el mismo tino de siempre. El Círculo Nacional Porfirísta, intérprete de los sentimientos populares, conociendo con toda claridad que la opinión pública reclama la continuación del Señor General Díaz en la presidencia, ha llamado á su lado á ciudadanos de todo el país, representantes de grupos activos que han visto con interés la cosa pública desde hace diez y ocho años, para que, unidos á él y formando todos un sólo cuerpo, lleven al señor General Díaz el mensaje que la Nación le envía, solicitando la continuación de sus servicios como jefe del Poder Ejecutivo de la Nación, por un nuevo período constitucional.’ Al ver conmovidos, con el brillo en los ojos, a los asistentes, el dueño de la palabra prosiguió con entusiasmo mayor.
’Con íntima satisfacción observa el Círculo que su llamado encuentra eco ahora, como de costumbre, en todo el país, de una manera espontánea, fuera de toda intervención de las autoridades y del auxilio ó el prestigio de los capitales, que son palanca poderosa, aunque falaz, para poner en movimiento á las masas; y con satisfacción más grande todavía se mira rodeado por patriotas venidos de todas partes, para representar en esta Convención, á una gran mayoría de nuestro pueblo. Por eso se siente fuerte y respetable, porque así sostenida y reforzada dirá la verdad cuando afirme ser el portavoz de la opinión pública…Ahora nos falta sólo llevar á cabo el objeto que nos congrega, y obtener del gran patricio que nos gobierna, el consentimiento que el país le pide para ser postulado y reelecto en los próximos comicios. ¡Qué Dios corone nuestros trabajos con el éxito apetecido, y que el nuevo período gubernamental de nuestro venerable caudillo sea tan fecundo en bienes para la patria, como lo han sido los anteriores! Eso se pronunciaba el 15 de marzo de 1909. Dieciocho días más tarde, el 2 de abril, no podía ser otra fecha, fueron a apersonarse ante el señor presidente.
Dado que los convencionistas habían quedado convencidísimos con piezas de oratoria como la reproducida, le comunicaron haber concluido que ’El pueblo mexicano siente una inmensa gratitud hacia vos que le habéis dado paz, trabajo y bienestar; y en su anhelo de no perder tan preciados dones, desea conservar en el poder al hombre á quien los debe… os suplica, por conducto de la Convención, que aceptéis vuestra postulación para presidente de la República en el próximo período constitucional.’ Y la respuesta que recibieron del presidente José de la Cruz Porfirio Díaz Mori concluyó: ’…Sin embargo, como todo lo que yo pueda o valga, pertenece á mi Patria y tiene por objeto su servicio, hecha esta observación que el deber me aconseja, no me considero autorizado para rehusar su soberano mandato, si me lo impusiera.’ Y, al año siguiente ahí estuvo buscando reelegirse para ejercer el mando por seis años. Lo acontecido todos lo conocemos.
El autor de la pieza reproducida era un escritor de altos vuelos hijo de quien fuera gobernador de Jalisco y, durante los años de Maximiliano, actuara como su apoyador y prefecto político del departamento de Jalisco. Operaba como el vicepresidente de la Convención Nacional Porfirista. Más tarde, durante el maderismo, sería electo, bajo la bandera del Partido Católico Nacional, gobernador de Jalisco. Fungiría, después, como secretario de relaciones exteriores a las ordenes del chacal Victoriano Huerta. Su nombre: José López Portillo y Rojas. Si, se trata del abuelo de su nieto quien le heredó sus virtudes…oratorias. Recordemos que generar piezas conmovedoras, aquí, allá y acullá, no necesariamente arroja, a la hora de la verdad, los resultados prometidos o esperados. Esto es algo que el joven del ayer siempre ha tenido presente en el pretérito y en el hoy, aun cuando otros se muestren extasiados y lo observen como un equivocado, nunca faltará tiempo para dilucidar quien tiene la razón. [email protected]
Añadido (1) Esa película ya la hemos visto en infinidad de ocasiones. Se ha trasmitido en blanco y negro, multicolor y alta definición en lenguajes diversos. No obstante, algunos parecen olvidar que el final siempre es el mismo.
Añadido (2) Quienes estimen que sus peticiones no son escuchadas, la receta es muy simple: recurran al sonido de las cacerolas y verán como pronto se sientan a negociar. Al parecer eso les aterra tanto como la luz del sol a Drácula.
Añadido (3) Ahora de ellos será la responsabilidad de proveer vacunas. Si no las hay, ni modo que vayan a culpar al gobierno federal.
Añadido (4) En el caso de Norberto Cardenal Rivera Carrera, vaya espectáculo que ha dado la arquidiócesis de México. ¿Qué se puede esperar si eso hacen con uno de los suyos? Una lección de la cual muchos deberían de aprender.


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