El Espíritu de Dios habita en vosotros


’ Fue a buscar fruto y no lo encontró ’

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El Espíritu de Dios habita en vosotros

Religión

Octubre 25, 2019 20:16 hrs.
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La Palabra de Dios

Sábado 26 De Octubre 2019

Primera lectura
Rom 8, 1-11
Hermanos: Ya no hay condenación que valga contra los que están unidos a Cristo Jesús, porque ellos ya no viven conforme al desorden egoísta del hombre. Pues, si estamos unidos a Cristo Jesús, la ley del Espíritu vivificador nos ha librado del pecado y de la muerte. En efecto, lo que bajo el régimen de la ley de Moisés era imposible por el desorden y egoísmo del hombre, Dios lo ha hecho posible, cuando envió a su propio Hijo, que se hizo hombre y tomó una condición humana semejante a la nuestra, que es pecadora, y para purificarnos de todo pecado, condenó a muerte al pecado en la humanidad de su Hijo. De este modo, la salvación prometida por la ley se realiza cumplidamente en nosotros, puesto que ya no vivimos conforme al desorden y egoísmo humanos, sino conforme al Espíritu.

Ciertamente, los hombres que llevan una vida desordenada y egoísta piensan y actúan conforme a ella; pero los que viven de acuerdo con el Espíritu, piensan y actúan conforme a éste. Las aspiraciones desordenadas y egoístas conducen a la muerte; las aspiraciones conformes al Espíritu conducen a la vida y a la paz. El desorden egoísta del hombre es enemigo de Dios: no se somete, ni puede someterse a la voluntad de Dios. Por eso, los que viven en forma desordenada y egoísta no pueden agradar a Dios.

Pero ustedes no llevan esa clase de vida, sino una vida conforme al Espíritu, puesto que el Espíritu de Dios habita verdaderamente en ustedes.

Quien no tiene el Espíritu de Cristo, no es de Cristo. En cambio, si Cristo vive en ustedes, aunque su cuerpo siga sujeto a la muerte, a causa del pecado, su espíritu vive a causa de la actividad salvadora de Dios.

Si el Espíritu del Padre, que resucitó a Jesús de entre los muertos, habita en ustedes, entonces el Padre, que resucitó a Jesús de entre los muertos, también les dará vida a sus cuerpos mortales, por obra de su Espíritu, que habita en ustedes.
Palabra de Dios
Te alabamos, Señor

Salmo Responsorial
Salmo 23, 1-2. 3-4ab. 5-6
R. Haz, Señor, que te busquemos.
Del Señor es la tierra y lo que ella tiene,
el orbe todo y los que en él habitan,
pues él lo edificó sobre los mares,
él fue quien lo asentó sobre los ríos.
R. Haz, Señor, que te busquemos.
¿Quién subirá hasta el monte del Señor?
¿Quién podrá entrar en su recinto santo?
El de corazón limpio y manos puras
y que no jura en falso.
R. Haz, Señor, que te busquemos.
Ese obtendrá la bendición de Dios,
y Dios, su salvador, le hará justicia.
Esta es la clase de hombres que te buscan
y vienen ante ti, Dios de Jacob.
R. Haz, Señor, que te busquemos.

Aclamación antes del Evangelio
Ez 33, 11
R. Aleluya, aleluya.
No quiero la muerte del pecador,
sino que se arrepienta y viva, dice el Señor.
R. Aleluya.

Evangelio
Lc 13, 1-9
En aquel tiempo, algunos hombres fueron a ver a Jesús y le contaron que Pilato había mandado matar a unos galileos, mientras estaban ofreciendo sus sacrificios. Jesús les hizo este comentario: "¿Piensan ustedes que aquellos galileos, porque les sucedió esto, eran más pecadores que todos los demás galileos? Ciertamente que no; y si ustedes no se arrepienten, perecerán de manera semejante. Y aquellos dieciocho que murieron aplastados por la torre de Siloé, ¿piensan acaso que eran más culpables que todos los demás habitantes de Jerusalén? Ciertamente que no; y si ustedes no se arrepienten, perecerán de manera semejante".

Entonces les dijo esta parábola: "Un hombre tenía una higuera plantada en su viñedo; fue a buscar higos y no los encontró. Dijo entonces al viñador: ’Mira, durante tres años seguidos he venido a buscar higos en esta higuera y no los he encontrado. Córtala. ¿Para qué ocupa la tierra inútilmente?’ El viñador le contestó: ’Señor, déjala todavía este año; voy a aflojar la tierra alrededor y a echarle abono, para ver si da fruto. Si no, el año que viene la cortaré’ ".
Palabra de Dios
Gloria a ti, Señor Jesús

Reflexión del Evangelio de hoy
El Espíritu de Dios habita en vosotros
En este pasaje, San Pablo contrapone el hombre dirigido por la carne, es decir, por si mismo, y que cuenta solo con sus propias fuerzas humanas… y el hombre dirigido por el Espíritu. Gran diferencia existe entre ellos dos.

El hombre dirigido por la carne no podía llegar muy lejos. No tenía resortes para vencer al pecado. El pecado podía con él y su meta era la muerte. Pero Jesús ha venido en nuestra ayuda y además de vencer para siempre el pecado y la muerte, nos ha regalado el Espíritu para que también nosotros podamos hacer otro tanto. Si nos dejamos guiar por el Espíritu, que habita en nosotros, nos veremos librados de la ley del pecado y de la muerte. Ya no estamos sometidos ni al pecado ni a la muerte. ’Pero vosotros no estáis en la carne, sino en el espíritu, ya que el Espíritu de Dios habita en vosotros’.

Habiendo recibido el regalo del Espíritu el que resucitó a Jesús también nos resucitará a nosotros, librándonos para siempre de la muerte. ’El que resucitó de entre los muertos a Cristo Jesús, vivificará también vuestros cuerpos mortales’. Nos espera la resurrección a una vida de total felicidad.

La conversión, seguir a Cristo, dar fruto… es tarea personal
Aunque somos seres sociales y vivimos nuestra vida en unión con los demás, hay algo que depende exclusivamente de cada uno de nosotros. Nadie puede vivir mi vida por mí, nadie puede andar mi camino por mí… sin dejar de ser cierto que los demás puede influir en nuestra vida. Jesús, en el evangelio de hoy, insiste en lo personal, en la tarea de cada uno de nosotros en nuestra vida. Ahí se entronca la conversión, la conversión a Jesús, la conversión al evangelio… Nadie puede convertirse por mí, nadie puede seguir a Cristo por mí, nadie puede amar a lo cristiano por mí.

No puede uno distraerse en su tarea personal de convertirse, con noticias en las que estén implicadas otras personas. Aludir a los galileos cuya sangre vertió Pilato, o a los dieciocho aplastados por la torre de Siloé y pensar si eran culpables o no. Nadie puede entretenerse en estas noticias y no realizar la ineludible tarea personal de la conversión, de seguir a Cristo de verdad.

Sabiendo que Jesús es paciente, que sabe esperar un año, dos años, tres años… muchos años en nuestro esfuerzo por seguirle. Pero mejor, ya que hemos sido seducidos por su amor e iluminados por su poderosa luz, que cada día sigamos siendo files a la promesa voluntaria que le hicimos de seguirle, de dar fruto en su viña y experimentando el gozo de su amistad.

Fray Manuel Santos Sánchez
Convento de Santo Domingo (Oviedo)


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