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Rodolfo Villarreal Ríos | guerrerohabla.com

Opinión

Rodolfo Villarreal Ríos


El gobernador de Coahuila, óscar Flores Tapia

El gobernador de Coahuila, óscar Flores Tapia


Julio 17, 2021 00:34 hrs.
Periodismo Nacional › México Coahuila
Rodolfo Villarreal Ríos › guerrerohabla.com


El domingo anterior, 11 de julio, mientras recordábamos que ese día se conmemoraba el vigésimo tercer aniversario del fallecimiento de quien fuera el gobernador de Coahuila, Oscar Flores Tapia, nos pusimos a cavilar respecto al personaje. De pronto, nos percatamos que si bien, para quienes dejamos la juventud hace un rato, este ciudadano nos es familiar, para las generaciones actuales probablemente poco les diga, excepto relacionarlo con el nombre de alguna avenida o monumento por ahí. En ese contexto, notamos de que varias fueron las veces en que pensamos dedicar este espacio para revisar la figura del político coahuilense. Sin embargo, por una razón u otra siempre lo dejamos para posteriormente. Y ese después hemos decidido que sea ahora.
Bajo la premisa de que no pretendemos tatar de hacernos aparecer como biógrafos de don Oscar, ni mucho menos de presumir cercanías que no tuvimos, hemos de plantear nuestra perspectiva desde el punto de vista de lo que hemos leído, nos narró quien tuvo acceso a él, lo que fuimos testigos a la distancia y el análisis que como historiadores tenemos al respecto.
En el México postrevolucionario, de 1920 a 2021, al frente del gobierno de Coahuila han estado veintinueve mandatarios de todo tipo cuyos resultados permiten calificarlos como excelentes, buenos, regulares, malos y pésimos gobernantes. Desde nuestra perspectiva, sin embargo, tres han sido los que destacan entre todos ellos, Manuel Pérez Trevino, Nazario Ortiz Garza y Oscar Flores Tapia. Estamos ciertos de que esta afirmación no necesariamente nos traerá las simpatías o comentarios favorables de algunos, pero cada uno su opinión respetable, la nuestra está sustentada en el análisis del desempeño que ellos tuvieron en su momento y circunstancias al ocupar la primera magistratura de la entidad. Nada que ver con olores a santidad, fueron seres humanos con virtudes y defectos. En este contexto y acorde con lo mencionado en el párrafo primero de este escrito, nos ocuparemos del tercero de ellos.
Aun en nuestros días, al mencionarse el nombre del gobernador Flores Tapia, surge la polémica. Algunos optan por limitar el recuerdo a los errores que se cometieron durante su gestión. Para otros, simplemente era muy rudo y el tono de su voz sonora se escuchaba muy directa. En nuestro caso, tenemos una opinión propia y acerca de eso comentaremos.
Eran los inicios de la década de los años setenta del siglo XX, de pronto, en el entorno familiar, empezó a ser común escuchar el nombre de Oscar Flores Tapia quien entonces era senador por Coahuila, más tarde encabezaría la Confederación Nacional de Organizaciones Populares (CNOP) del PRI y, ya para entonces, se mencionaba que sería el próximo gobernador de Coahuila. Nuestro padre, don Rafael, quien desde el inicio estuvo convencido de que esto último se materializaría, nos indicaba que, en el pueblo, el grupo de amigos del entonces senador estaba formado por cuatro personas, Oscar Pope Jiménez, Eduardo Luis Barrientos Lucio, Saul López Aldape y Humberto Flores Garza. Contario a lo que hoy se dice que entonces los aspirantes estaban en espera de que el dedo divino los designara para tal o cual cargo, por aquellos años había varios que no ocultaban sus deseos a convertirse en gobernador de Coahuila. Flores Tapia nunca negó sus aspiraciones, estaba cierto de que no le bastaba su cercanía con el presidente Luis Echeverría Álvarez y el secretario de gobernación, Mario Moya Palencia, era necesario trabajar la candidatura. En la búsqueda de ella no estaba solo, también la perseguían el líder de los pequeños propietarios, Gustavo Guerra Castaños; el secretario del patrimonio nacional, Horacio Flores De La Peña; y quien fuera secretario particular del presidente Echeverria, Melchor Sánchez Jiménez. Ante esto, don Oscar instrumentó un operativo para tener presencia en todo el estado y convencer a sus paisanos de que él ofrecía la mejor opción. De acuerdo con los textos que escribiera su gran amigo y colaborador, don Roberto Orozco Melo, nunca hubo duda de que Flores Tapia sería el candidato. Sin embargo, a nivel de las bases, los grupos que apoyaban a uno u otro nunca dejaron de hacer su trabajo en busca de atraer el mayor número de adeptos para cada uno. En ese entorno, era común encontrar en las paginas de los diarios desplegados firmados por ciudadanos diversos quienes declaraban públicamente su simpatía y apoyo a quien consideraban era la mejor opción. Al respecto, hemos de comentar que fue, en enero de 1975, cuando por primera, y única vez, nuestro nombre apareció como apoyador a la candidatura de alguien, por supuesto que fue por Flores Tapia, lo hicimos porque creímos que, de todos, era la opción más adecuada. Sobre como vivieron los grupos los días alrededor del nombramiento de Flores Tapia como candidato, les recomendamos leer ’Piedras Negras, Destino y Origen. Personajes, Sitios y Recuerdos’ (2010) escrito por don Rafael Villarreal Martínez. Tras de que se supo el nombre del ungido, vino todo el proceso que se acostumbra en esos casos y aquí va nuestra perspectiva de cómo lo vimos.
Era el 30 de enero de 1975 y ese día se realizaría, en Piedras Negras, el evento para mostrar el apoyo a Flores Tapia. Desde la entrada del pueblo, a la altura de las instalaciones del IMSS, estaban formados camiones con muestras de apoyo al entonces precandidato. Al arribar Flores Tapia, empezaron a aparecer manifestaciones de aprobación. En el trayecto, se empezaban a mezclar la presencia de vehículos y personas, aquello era un mar de gente. Flores Tapia, a bordo de un autobús, miraba emocionado y saludaba a los manifestantes. Así transitó por la Avenida Emilio Carranza hasta llegar frente al Motel La Quinta, a la altura de la calle Tepic, en lo que antiguamente fuera conocido como los rumbos de La Acequia. Ahí, decidió bajarse del vehículo, no iba a perderse estar cerca de la población, y emprender la caminata de casi 17 cuadras hasta llegar a lo que entonces era el Cine Rodríguez entre las calles de Xicoténcatl y Padre De Las Casas. El sitio estaba abarrotado al máximo a un grado tal que entrar representó toda una batalla. De cómo se dio todo eso quedan las imágenes publicadas en Zócalo-Piedras Negras. Aquello, sin lugar a duda era más que satisfactorio para Flores Tapia, ahí en el pueblo, años atrás, hubo ocasiones en que le peleó, cara a cara, a la pobreza. De todo hizo, entre otras cosas ser oficial de tránsito. En esos tiempos, las amistades le escaseaban y una de ellas era la de un hombre silencioso y sonrisa enigmática de origen chino, don Melesio Chong, quien era el propietario del restaurant ’Chop Suey,’ ubicado por la calle de Zaragoza entre Allende y Guerrero. A esta persona Flores Tapia la calificaba como un gran filósofo, y seguramente aquello fue más allá de conversaciones, mientras lo apoyaba en los momentos de escasez. Pero volvamos a 1975.
Por la noche del día mencionado al inicio de párrafo anterior, los ganaderos de Coahuila le ofrecieron lo que ellos llamaron una ’Cena de Rancho.’ El evento se efectuó en el pomposamente llamado Centro de Convenciones que no era otra cosa que un galerón. Al evento acudimos acompañando a don Rafael y doña Estela y ahí sucedió una de esas cosas curiosas. Al concluir el evento, por pura coincidencia, los tres aparecimos a un costado del precandidato y su esposa doña Isabel Amalia Dávila. De pronto, enfrente apareció una nube de fotógrafos y nos detuvimos todos en espera de que tomaran la placa, pero pasó más de un minuto y aquello jamás sucedió, reanudándose la marcha. Al día siguiente, los eventos continuaban y nos fuimos, junto con don Rafael, al desayuno que la iniciativa privada nigrppetrense le ofrecía, en el Casino Nacional, al precandidato. Ahí, desde la mesa mas alejada de la principal, escuchábamos las propuestas de Flores Tapia, a ese mismo sitio habían enviado, también, al hombre de negocios torreonense, Juan Abusaid Ríos, quien era un charlista muy ameno. Desde ese lugar escuchamos las explicaciones que Flores Tapia daba acerca de las críticas que le hacían por su propuesta de enlatar huevos y traer camellos al desierto de Coahuila. Respecto al primer asunto, apuntó que ello había sucedido a raíz de que, en una ocasión, en un desayuno, alguien le presentó unas pruebas que había realizado enlatando huevos y de ahí surgió que él había propuesto eso. En lo concerniente a los camellos, efectivamente el gobernador Flores Tapia dijo que una posibilidad a explorar en el desierto coahuilense era utilizar camellos como medio de trasporte, y eso, nada tenía de nuevo. En la época juarista, don Jesús Carranza Neira, el padre de Don Venustiano, utilizó esos animales como medio de trasporte por aquellos lares. Durante los meses siguientes continuaría todo el proceso para convertirlo en candidato y posteriormente enfrentar las elecciones.
Cuando llegó el 28 de septiembre de 1975, muy pocos en Coahuila dudaban quien sería el gobernador. Los resultados lo confirmaron, en ese instante ya no había posibilidades de que un grupo mostrara su descontento y le impidieran llegar como sucedió en 1958 cuando los hombres de negocios saltillenses lo impugnaron e hicieron que el PRI metiera reversa para nombrar candidato a la presidencia municipal de Saltillo a Eulalio Gutiérrez Treviño quien nunca imaginó que, 17 años después, estaría entregándole el mando como gobernador a Flores Tapia. Si bien, en 1975, este contaba con el apoyo de las mayorías, en su horizonte político futuro aparecían nubarrones negros. El 22 de septiembre de 1975, José López Portillo y Pacheco había sido ungido como el candidato presidencial priista potencial. En Coahuila, se quedarían bodegas repletas de propaganda listas para tapizar la entidad en favor de quien estábamos convencidos entonces, y lo seguimos estando, era la mejor opción para México, Mario Moya Palencia. Plenamente consciente de eso, Flores Tapia inició su gobierno el 1 de diciembre de 1975.
Pocos, se percataban que los coahuilenses estábamos por iniciar el parteaguas que habría de prepararnos para el Siglo XXI. El gobernador Flores Tapia se dio a la tarea de sacudir la modorra que imperaba en la entidad. En los treinta y ocho municipios del estado, se empezó a notar el cambio, iniciando con Saltillo y después todos los demás. La obra publica era notable y enfocada hacia proyectos productivos y no de relumbrón. El proceso de industrialización de Coahuila ya estaba en marcha y apuntaba hacia logros mayores que terminarían por materializarse años después.
De que hubo resistencias no se puede negar. Recordamos aquella que sucedió en Sabinas. Ahí, los notables del pueblo no aceptaban como su presidente municipal a un líder campesino de nombre Conrado Marines. Ante ello, cuando la controversia estaba mas encendida, Flores Tapia consideró hacer acto de presencia en compañía de su esposa, y un grupo de leales. Decidió que atravesaría la plaza principal y entraría al palacio municipal. Grupusculos de opositores, perfectamente aceitados, provistos de piedras estaban ahí para impedirlo. Aquello amenazaba desastre, pero el gobernador sabía que no había reversa así que los enfrentó y pronto los pedruscos escasearon entre los inconformes y no les quedó sino retraerse. En otra ocasión, cuentan los que estuvieron ahí, que cerca de Ciudad Acuna se daba un incendio forestal y la escasez de agua era notable. Al arribar al sitio, Flores Tapia alzó los brazos al cielo e invocó, con todo su vozarrón, clamando por la lluvia, misma que, coincidentemente, llegó. Pero no todo eran éxitos.
Dada su condición de Moyista, la cual Flores Tapia nunca negó, López Portillo no le tenía la menor simpatía. En ese contexto, utilizaba como ariete al secretario de gobernación, Jesús Reyes Heroles. Entre el criollo tuxpeño y Flores Tapia existía cualquier cosa menos amistad, el odio jarocho era recíproco. Esa enemistad tuvo mucho que ver en la forma en que la prensa nacional trataba al mandatario coahuilense. Aun cuando no podemos dejar de negar que algunos de sus colaboradores no se comportaban correctamente y daban pie para los ataques. Las presiones del centro, que poca mella hicieron a la obra pública coahuilense, crecían día con día. Reyes Heroles terminaría por convertirse en el padre del panismo en Coahuila y, gracias a su apoyo, Carlos Páez Falcón se convertiría en alcalde de Monclova. Asimismo, los que en potro tiempo lo derrotaran no acababan de digerir que ahora fuera gobernador y emplearon plumas para denostarlo. Algunas de ellas sabemos, de primera mano, que estaban muy lejos de ser lo impoluto que aparentaban. Sin embargo, la andanada era dirigida desde Los Pinos y la suerte estaba echada. Pero antes de ello, hubo de librar una batalla más, determinar quién sería su sucesor. Trataron de imponerle al ex gerente de los Ferrocarriles Nacionales, Eufrasio Sandoval, pero lo rechazó. Se pronunció a favor de Francisco José Madero González y logró que se quedara en su lugar. en esa forma expresaba el agradecimiento y admiración que le tenía al general Raúl Madero González con quien colaborara cuando el divisionario fue gobernador de la entidad entre 1957 y 1963. Cuando le faltaban 100 días para terminar su gobierno y con la entidad en pleno proceso de crecimiento y desarrollo, la hacienda pública saneada y en paz políticamente, la incertidumbre era la creada desde el centro, Flores Tapia hubo de separarse del cargo. En ese momento, muchos fueron los que empezaron a alejarse, conocimos de casos que realmente resultaron patéticos y nauseabundos, pero actuaban conforme a su condición.
Mientras en el Distrito Federal se creaban todo tipo de historias acerca de que el pueblo coahuilense repudiaba a Flores Tapia, la realidad era muy distinta. El antiguo mandatario, tras de reponerse del mandarriazo inicial, inició la recomposición de su figura y empezó a hacerse presente por todos lados en Saltillo y en la entidad. Contrario a lo que esperaban sus malquerientes, la población interactuaba con él de manera muy positiva, reconocía a quien los había sacado de su marasmo y les dejó obra palpable. Sobre los días de Flores Tapia tras dejar el cargo, existen algunos escritos del periodista, José Guadalupe Robledo Guerrero quien narra episodios de aquellos tiempos. Conforme pasaron los años, el reconocimiento a la obra florestapista fue llegando. Inclusive los panistas, sus detractores antiguos, terminaron por rendirle homenajes. Con el trascurrir del tiempo, se convirtió en el único exgobernador coahuilense que ha podido andar tranquilamente por las calles sin guaruras, ni nada y la población le demostraba su aprecio en varias formas, al tiempo que entablaba diálogos con gente de cualquier nivel socioeconómico. Asimismo, era común encontrárselo en el DF en el mercado de Coyoacán, en ese sitio fue la última ocasión en que lo vimos y lo saludamos, íbamos con nuestros padres, esposa e hijas.
Pocos lo recuerdan, pero además de la obra publica que como gobernador Flores Tapia dejo, realizó una aportación literaria importante. Nadie más quien haya ocupado tal cargo en la entidad podría jactarse de una bibliografía tan extensa. En materia de cuento publicó: Los sueños del hombre (1961) y Te espero en el infierno (1962). Referente a ensayo, escribió: El hombre y el genio (en colaboración con Federico Berrueto Ramón e Ignacio Quiroz León), (1956); Infierno, purgatorio y paraíso de Dante Alighieri (1965); La provincia en la prosa y la poesía de Ramón López Velarde (1967); Juárez en la poesía (1972); Tres grandes novelas de la Revolución: Campamento, Tropa vieja y Se llevaron el cañón para Bachimba (1975). En materia de novela fue el autor de: Vida, pasión y muerte de Cástulo Ratón (1949;) Herodes semblanza de Saltillo (1950); y, La casa de mi abuela (1959). Su obra poética incluye: Retablos (1952); Visión de México (1956); Versos (1960); Poemas (1979) y Soneto de la rosa (1989). En materia de historia elaboró ensayos biográficos sobre Francisco I. Madero y Miguel Ramos Arizpe, además de Coahuila, la Reforma, la Intervención y el Imperio. 1854-1867. (1966) y Cuatro coahuilenses en el destino de México (1977). En ese mismo renglón, fue editor de cuatro cuadernos juarista, las Memorias de Lerdo y de la Revista Coahuilense de Historia. En materia autobiográfica presentó: López Portillo y yo, historia de una infamia política (1983) y El señor gobernador, autobiografía política (1984). En igual forma, fue fundador de las publicaciones: Diario Resumen, Provincia, Pensamiento Político, Los Periodistas Dijeron e Imágenes. Creo la Asociación de Escritores y Periodistas de Saltillo, y era miembro del SCM, de la Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística, del SCM del Colegio Coahuilense de Investigaciones Históricas. Como se puede percibir para ser un autodidacta, su aportación a la cultura coahuilense fue más que vasta.
Al momento del fallecimiento de flores Tapia, recordamos los textos que en Zócalo plasmara don Francisco Juaristi Septién, alguien quien conoció muy de cerca los entretelones de los días de gobierno de Flores Tapia. En ese contexto, con el olfato periodístico que siempre lo ha caracterizado, don Francisco decidió buscar una entrevista con alguien que en el pueblo fuera un florestapista de antes, durante y después. Así, envió a uno de sus reporteros para que entrevistara a don Rafael Villarreal Martínez quien dejó muy claro la admiración, respeto y agradecimiento que guardó siempre por quien gobernara la entidad entre 1975 y 1981. Sin cortapisas, expresó sus opiniones alejadas de toda corrección política y plenas de sinceridad, mismas que quedaron plasmadas en una plana completa de la edición del 12 de julio de 1993. Hubo otros que también externaron puntos de vista, pero siempre tratando de que no los fueran a identificar como seguidores del político, que, si bien para entonces ya no era demonizado del todo, aun temían ser identificados con él.
Este ha sido un repaso breve sobre la figura de quien sacudió a la entidad y sus habitantes de la modorra en que vivían y, junto con ellos, se puso a construir las bases que permitirían al estado enfrentar los retos que vendrían en el Siglo XXI. Sustentaba sus acciones en la admiración que sentía por Juárez, Madero, Carranza, Pérez Trevino y Berrueto Ramón. Fue un autodidacta quien conoció lo mismo la cima que la sima y en ese vaivén clamaba que ’en política, siempre sucede lo mejor.’ Ese era el gobernador de Coahuila, uno de los tres mejores que haya tenido la entidad en el México posrevolucionario, Oscar Flores Tapia. [email protected]
Añadido (21.28.93) Mañana, se cumple un lustro de aquel lunes, 18 de julio, cuando al manifestarse el alba emprendiste el viaje hacia la noche eterna. Doña Estela, te seguimos extrañando.
Añadido (21.28.94) En sesenta y dos años el mundo ha evolucionado y cambiado radicalmente, mientras que ellos no han podido encontrar nada mejor para justificar su ineficacia e ineficiencia que culpar a los EUA. De todo eso, nos quedamos con el recuerdo de aquella charla que sostuvimos con un revolucionario autentico, por eso lo marginaron, Enrique Oltuski Osacki.
Añadió (21.28.98) En el pasado, los aspirantes eran presentados como personas vestidas elegantemente con la cabeza cubierta por una capucha. Posteriormente, devinieron a ser miembros de una cuadra equina. Hoy, simplemente, son identificados como corcholatas. ¿Alguna duda sobre la involución?
Añadido (21.28.99) No queda duda alguna, lo de ellos es la piquera. Un par de ensombrerados y otro, que recién se lo quitara, estaban ahí cantando (¡!) al compás de los acordes de la redoba y el acordeón. Confundieron el recinto legislativo con lo que antes, en la época de las vacas flacas, era el único centro de esparcimiento en el cual se sentían a sus anchas.

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