Por Luis Antonio García Chávez | guerrerohabla.com

Acapulco hoy no figura siquiera entre los diez primeros.

Por Luis Antonio García Chávez


El potencial turístico desperdiciado en México

El potencial turístico desperdiciado en México


Marzo 27, 2018 23:14 hrs.
Periodismo Nacional › México Ciudad de México
Por Luis Antonio García Chávez › guerrerohabla.com


Marzo 27, 2018
El fin de semana, por temas laborales, tuve que ir a Querétaro, estar allí un rato para después salir a San Miguel de Allende en Guanajuato, regresar a Querétaro, ir a Celaya, regresar a Querétaro y finalmente de nuevo a la Ciudad de México.

Desde muy joven mi trabajo requirió de mí viajar a lo largo y ancho de nuestro país y con ello conocerlo y amarlo profundamente. Tenemos sin lugar a dudas un tesoro tremendo y desaprovechado, que podría ser palanca del desarrollo nacional.

En cuanto a riquezas naturales, México cuenta en su territorio con una biodiversidad tremenda y una multiplicidad de climas y ecosistemas que permiten que todo tipo de turismo pueda encontrar en nuestro territorio espacios donde sentirse identificado. Regiones completas con las más distintas características que dan para todos los gustos y todas las necesidades.

Desde los que busquen ecoturismo, playas paradisíacas, turismo de aventura, exploración, cualquier cosa que pueda apetecer se encuentra en nuestro México.

De la misma manera, en su ámbito cultural podemos encontrar desde raíces prehispánicas impresionantes que reflejan algunas de las civilizaciones milenarias más desarrolladas en la historia de la humanidad, hasta ciudades cosmopolitas que compiten sin rubor con cualquier desarrollo moderno de la actualidad, pasando por las grandes zonas coloniales o regiones con culturas propias que también enriquecen de manera asombrosa a nuestra nación.

La gastronomía mexicana es una de las más plurales y diversas del mundo, a grado tal que se tiene que entender de manera zonal y no como una gastronomía unitaria, la variedad de sabores, platillos, ingredientes y texturas la convierte en un atractivo de primer nivel para cualquiera que quiera visitar nuestro país e incluso para que, los que somos parte de él, viajemos a distintas regiones y territorios para deleitar nuestro paladar.

La hospitalidad de nuestra gente es reconocida por todos en mundo. Tenemos en la cultura mexicana la formación de buenos anfitriones además de un espíritu cálido y festivo que hace sentir bienvenidos a quienes nos visitan.

No son pocos los países que viven, como principal fuente del desarrollo, del turismo. Por citar algunos ejemplos podemos hablar de España, Grecia o Cuba, por ejemplo. Puedo decir, sin temor a equivocarme, que México concentra en sí mismo las bellezas y atractivos de estas tres naciones juntas y que, sin lugar a dudas, podría desarrollarse como una potencia turística a escala mundial.

Hoy no figuramos siquiera entre los diez primeros.

En los años 70’s y 80’s Acapulco era, por ejemplo, uno de los principales destinos turísticos del mundo, sin embargo, la voracidad, el poco respeto a los recursos naturales, la corrupción, así como la ausencia de reinversión lo fueron volviendo un destino viejo que, poco a poco, fue abandonado del gusto de la comunidad turística internacional convirtiéndose ahora en un punto más dedicado a captar un turismo nacional que no puede acceder, por cuestiones económicas, a los que hoy son los principales destinos del país.

Por si esto fuera poco, el crecimiento de la inseguridad y el crimen organizado están golpeando de manera permanente a Acapulco alejando también a ese otro sector turístico y dañando de manera sustancial la calidad de vida de los habitantes de la región.

Lo ocurrido en Acapulco parece que se repite peligrosamente en lugares como los Cabos, Cancún o Playa del Carmen, que, después de estar en la cima del turismo mundial han venido decayendo, entre otras cosas por la penetración del crimen organizado en connivencia con gobiernos corruptos e indolentes que medran con los estados que gobiernan sin el menor recato y sin importarles si en el proceso asesinan las posibilidades de desarrollo local y regional.

Lugares que antes eran paraísos de tranquilidad, como Guanajuato, hoy se encuentran asolados también por la criminalidad.

Sin lugar a dudas nadie, nacional o extranjero, quiere realizar turismo en un lugar con alta incidencia criminal. Nadie quiere salir de viaje a lugares donde secuestran, asaltan, roban o pueden quedar en medio del fuego cruzado de una balacera en una plaza o centro comercial, restaurante o discoteca. Ninguno de nosotros lo haría.

Por tanto, si queremos desarrollar el enorme potencial turístico de nuestra patria, que genera divisas y derrama económica importante, necesitamos, sin lugar a dudas, avanzar en medidas que garanticen la seguridad de todos los visitantes, necesitamos darles garantías de que llegan a una tierra donde pueden disfrutar sin riesgos, o al menos con los riesgos naturales que existen en cualquier lugar del mundo.

Necesitamos también que el gobierno invierta en infraestructura y que genere las condiciones para que grandes empresas privadas, nacionales e internacionales, vengan a poner sus inversiones en nuestra nación, siempre que se respeten los derechos de los habitantes originarios. No podemos permitir que siga ocurriendo, como pasa hoy en muchas de nuestras principales playas, que, para tener acceso a ellas requieres la pulsera de un hotel y entonces las personas nativas de la región han sido despojadas de su riqueza natural e histórica.

Necesitamos también invertir en educación ligada al turismo, fomentando en grandes regiones y franjas nacionales el estudio de carreras orientadas a la vocación turística de la zona y todos los empleos que se generan con ello.

Estoy convencido que esto puede ser una de las palancas más fuertes y permanentes del desarrollo nacional y que juntos podemos lograr que el paraíso que nos correspondió habitar sea compartido con el resto de los habitantes de nuestras tierras y con gente de otras latitudes. Tenemos un tesoro que no debe ser solo para nosotros y en la riqueza de socializarlo, obtendremos un maravilloso intercambio cultural que nos enriquecerá además de, siempre y cuando se haga de manera adecuada, grandes ganancias económicas que se pudieran compartir con millones de mexicanos.

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