PÉNDULO POLÍTICO

EL RIESGO DE DECIR LA VERDAD

Dr. Emiliano Carrillo Carrasco

EL RIESGO DE DECIR LA VERDAD

Política

Febrero 05, 2021 13:10 hrs.
Política Nacional › México Estado de México
Dr. Emiliano Carrillo Carrasco › Informativo Nacional

EL HACERLO REQUIERE DE VALOR Y VOLUNTAD.

LA IGNORANCIA ES LA RAÍZ DE TODOS LOS MALES, EL CONOCIMIENTO ES EL ALIMENTO DEL ALMA, PLATÓN. ’La voluntad es la ’cosa en sí’, que no se puede conocer. La representación es su incógnita. Para Schopenhauer, el error de todos los filósofos es creer en un entendimiento original, al margen de la voluntad. El entendimiento carece de soberanía, es un mero accidente de la voluntad. Lo racional, desde su base, está condicionado por lo irracional ciego y depende de esa voluntad infatigable que no puede saciarse jamás. Sólo la experiencia contemplativa del arte puede librarnos de la tiranía de la voluntad. La alegría estética anticipa otro mundo. De todas las artes, sólo la música (imagen inmediata de la voluntad) puede lograr que, por un instante, quede en suspenso la propia voluntad y el mundo sea sólo representación. El universo de Schopenhauer no hay espacio para la gracia, es un mundo acosado por el dolor y el aburrimiento, por la angustia y la insatisfacción, amenazado por toda clase de catástrofes y enfermedades (visión frecuente en rentistas y funcionarios). Frente a esa perspectiva, que equipara ser y padecer, el budismo sostiene que cada ser vivo lleva inscrita la naturaleza de buda, la promesa del despertar, el logro de un estado de la mente donde no tiene cabida el sufrimiento. La representación, como la música, puede imponerse a la voluntad. ’Schopenhauer

’Amaba a Platón y Kant. Consideraba que el segundo le había curado de las fantasmagorías del primero. Creía que los hombres habitan dos mundos, uno dominado por la razón suficiente, y el otro libre de la tiranía del límite y la causalidad. Schopenhauer. La realidad que vemos no es la verdadera y todas las diferencias que observamos corresponden a una misma entidad que las trasciende: la voluntad.

Las mejores ideas advienen al aire libre. Tuvo facetas más amables, al parecer era una persona extraordinariamente sensible y excitable. Si escuchaba una heroicidad se le llenaban los ojos de lágrimas y se le quebraba la voz cuando contaba un acto noble o conmovedor. Despreciaba todo lo superficial y vulgar, pero era capaz de mostrar una extraordinaria afectividad con aquellos que admiraba. Podía ser ameno y locuaz, sobre todo en los paseos, que acompañaba de su cigarro y en los que charlaba de todo cuanto se le ocurría. Era monárquico y enemigo de revoluciones. Conocía el griego y el latín, aunque nunca aprendió sánscrito, y muchas otras lenguas, entre ellas el español (fue entusiasta lector de Gracián), el italiano o el francés, que consideraba una jerga. Tuvo gran estima por el inglés (decía que había sido concebido en Inglaterra, en un viaje de sus padres) y todas las tardes leía The Times. ’ARTHUR Schopenhauer


’ ---La Libertad de pensamiento y de escribir la verdad, es decir, que no la sofoque o la calle, o no diga cosas falsas; que no se doblegue ante los poderosos ni engañe a los débiles. El valor es una actitud subjetiva ante esta cosmovisión de calificativos; Lo difícil es no plegarse ante los poderosos y bastante ventajoso engañar a los débiles. Desagradar a los poseedores, significa renunciar a la propiedad. Renunciar al pago por el trabajo hecho, puede querer decir renunciar al trabajo y rechazar la fama entre los potentados, significa a menudo rechazar toda fama. Los tiempos en que la opresión es grande son casi siempre tiempos en que se discurre mucho sobre cosas grandes y elevadas. Se necesita valor, en tales tiempos, para hablar de cosas pequeñas y mezquinas, como la alimentación y la vivienda de los trabajadores, mientras alrededor se dice que sólo el espíritu de sacrificio cuenta. Cuando se ensalza continuamente a los campesinos, es valeroso hablar de máquinas y forrajes a buen precio, capaces de facilitar aquel trabajo tan elogiado. Cuando todos los altoparlantes vociferan que es mejor el hombre sin conocimientos ni instrucción, que el instruido, se necesita valor para preguntar: ¿mejor para quién? Cuando se habla de razas perfectas e imperfectas, es valeroso preguntarse si el hambre, la ignorancia y la guerra no producen cierta deformidad.

El decir la verdad sobre sí mismo, sobre nosotros mismos, los vencidos. Muchos que son perseguidos, pierden la facultad de reconocer los propios defectos. El alerta parece la más grave injusticia social de pobreza de desigualdad y a la falta de instrumentos del cómo se puede romper esas estimas de control social, el arma de todo pueblo es la educación. Los entes perseguidores, ya que persiguen, son los malvados; ellos, los perseguidos, son perseguidos por su bondad. Pero esta bondad fue golpeada, vencida, esposada.
En nuestro mundo de la dinámica de consumo y el egocentrismo de la acumulación de riqueza material y al distanciamiento de valores, el hipócrita, el falso envuelto en su mentalidad de ignorancia de un lobo acorralado que es ciego y ataca sin esa capacidad de reflexionar y razonar, ese es el animal humano, si, incapaz de entender su entorno de vida. La verdad no puede escribirse sino en lucha contra la mentira ni puede expresarse de modo genérico, elevado, ambiguo. A tal especie, esto es, genérico, elevado, ambiguo, pertenece exactamente la mentira. La mentira es un medio de actitud cerebral a lo que no comprenden y atacan a causa de esa ignorancia de sus formas humanas. Hablar de alguien que dijo la verdad, implica que antes algunos, muchos, o uno solo, dijeron algo distinto, una mentira o cuestiones genéricas; él en cambio dijo la verdad, esto es, algo práctico, concreto, irrefutable, precisamente lo que se necesitaba.

La maldad del mundo, del triunfo de la brutalidad y para sacudir la amenaza que flota sobre el espíritu, cuando se vive en una parte del mundo en que eso aún se permite. Muchos se comportan entonces como si estuvieran bajo el tiro de los cañones, cuando sólo están bajo el tiro de los anteojos. Van gritando sus vagas reivindicaciones en el mundo amigo de la gente inofensiva; demandan, genéricamente, la justicia, pero nunca hicieron nada por tenerla y piden genéricamente la libertad. La calidad de vida y su bienestar de encontrar en ese mundo de consumo y de hipocresía a causa de esos valores de expresar su sentir a causa de esa ignorancia que viven. Si la verdad tiene que ver con cifras, con hechos, si es cuestión árida, cuyo hallazgo exige pena y estudio, entonces no les corresponde, nada tiene que los embriague. Sólo exteriormente se comportan como los que dicen la verdad. El mal que sufren es no saber la verdad.---’ Bertolt Brecht


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