Eso no se le pregunta al Presidente


Por Salvador Flores Llamas/

Eso no se le pregunta al Presidente

Periodismo

Mayo 27, 2014 07:34 hrs.
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Javier García Paniagua −hijo del general Marcelino García Barragán, secretario de la Defensa Nacional con Díaz Ordaz, cuando el Tlatelolcazo del 2 de octubre de 1968− fue un político que escaló las alturas hasta ser precandidato presidencial.

Figuró en algunos cargos del PRI, senador, titular de la Dirección Federal de Seguridad, subsecretario de Gobernación, con Reyes Heroles (encargado de las relaciones con Margarita López Portillo, hermana predilecta del Presidente), secretario de la Reforma Agraria, presidente nacional del PRI, precandidato presidencial y secretario del Trabajo.

De fama legendaria y trato aterciopelado con sus amigos, pero férreo con los malosos, entendió su tiempo y su sitio en la política.

Al acudir a la primera gira de López Portillo (JLP) como secretario de la Reforma Agraria, lo encontré muy temprano en el hangar presidencial, acompañado por su paisano y subsecretario Guillermo Cosío Vidaurri, mi amigo, que me presentó con él como miembro de la fuente informativa de la Presidencia.

Por creer que trataban asuntos suyos, intenté retirarme, pero Memo me invitó a platicar con ellos. Apenas íbamos a hacerlo cuando se acercó a D. Javier un compañero reportero y trató de entrevistarlo, pues creyó que yo pretendía “chacalear” a mis compañeros (en el argot periodístico significa querer llevarse una entrevista exclusiva).

Muy atentamente, Javier nos explicó a mi colega y a mí que él iba a la gira invitado por el Presidente, quien era el dueño de la fiesta y él jamás trataría de robarle cámara. Por tanto, no haría ninguna declaración, sólo si su jefe se lo ordenaba. En ese caso, él nos buscaría.

Tal sería la conducta que observaría cuantas veces le ordenara el Presidente que lo acompañara a sus giras.

Más tarde, mientras JLP inauguraba un orquidiario en la Avenida Ventura Puente de Morelia (el gobernador de Michoacán era Carlos Torres Manzo, originario de Coalcomán de Vázquez Pallares, en honor de Natalio, político cardenista de esos apellidos, nativo del lugar) quisieron entrevistarlo otros reporteros y les reiteró la aclaración citada.

Que era acertada, pues García Paniagua asumía su papel de subordinado y daba el lugar a su superior, y se libró del asedio reporteril que sufrían otros secretarios, que sí usaban las giras presidenciales para ganar reflectores.

Unas giras más, cuando habíamos charlado repetidamente, por la confianza que en mí le inspiró Cosío Vidaurri, Javier empezó a desgranar algunas de tantas anécdotas de su devenir público.

Y la siguiente me pareció muy interesante y con gran mensaje:

Cuando su padre era secretario de la Defensa y él su secretario particular, el general enfermó por más de una semana. En eso llegó la fecha del acuerdo presidencial, que no podía posponerse, el subsecretario pidió a Javier ayuda para preparar los asuntos a exponer al presidente Díaz Ordaz (GDO).

El acuerdo se dividía en tres partes: 1) se informaba al Presidente cómo se había cumplido lo que ordenó en el acuerdo anterior; 2) se le sometían asuntos, 3) se recibían instrucciones a cumplir para el acuerdo siguiente.

El subsecretario solicitó a García Paniagua que lo acompañara al acuerdo.

En el primer punto, se informó a GDO sobre su mandato de capturar a una banda que había asaltado un autobús que iba de Pénjamo, Guanajuato, a La Piedad, Michoacán, y asesinado a 6 pasajeros.

GDO había dispuesto castigar con toda severidad a los criminales, para que el ejemplo frenara la ola de asesinatos, desatada en la zona. Como habían sido detenidos, el subsecretario le dijo que sólo esperaba su orden superior para pasarlos por las armas.

Ante esto, GDO dio un manotazo en la mesa, y su voz fuerte retumbó: “Eso nunca se le pregunta al Presidente, sólo se le dan hechos consumados”.

(El que tenga cacumen, que entienda).

De García Paniagua llegó a contarse que cacheteó a López Portillo porque no lo nominó candidato presidencial del PRI, o sea su sucesor; lo que, según los decires, ocurrió así:

Tras el destape de Miguel de la Madrid, Javier pidió ser recibido por JLP, y al entrar al despacho del mandatario, le lanzó un grito estentóreo, se fue sobre él y le propinó soberana cachetada.

Versión del todo imposible, fruto de mentes calenturientas, que ignoran los intríngulis del poder, pero sueltan chismes y rumores para denostar a los políticos, y encuentran eco entre la gente y ahora en las redes sociales.

Es imposible un hecho como ése, por la sencilla razón de que el Presidente tiene siempre en su oficina a un ayudante del Estado Mayor Presidencial, adiestrado y decidido a protegerlo de cualquier intento de agresión, aun a costa de su vida.

Con decir que es tradición que por la noche el asistente está afuera de la recámara, por lo que pudiera ofrecerse.

(Por eso extrañó mucho que Colosio fuera asesinado en Lomas Taurinas, y que, según se vio, el general Domiro García, su jefe de seguridad y su futuro jefe del Estado Mayor Presidencial, dejara vía franca a la mano criminal; cuando normalmente, habría dado su existencia por defender al candidato.

(Lo que lleva a concluir que Domiro se hizo a un lado por orden superior).

Y García Paniagua, hombre institucional y respetuoso del superior por su educación y tradición militar, jamás habría incurrido en tal falta. Por tanto, es absurdo pensar que consumara ese atentado.

Mas la vida seguirá deparándonos chismes, rumores y falsedades sobre los poderosos, y más contra los presidentes.


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