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Armando FUENTES AGUIRRE | guerrerohabla.com

Opinión

Armando FUENTES AGUIRRE


¡Feliz Navidad! (¿En noviembre?)

¡Feliz Navidad! (¿En noviembre?)


Noviembre 22, 2021 18:43 hrs.
Periodismo Nacional › México Coahuila
Armando FUENTES AGUIRRE › guerrerohabla.com

Vivimos en un país en crisis. Decir tal cosa es obviedad. Nos hemos acostumbrado de tal modo a vivir en permanente crisis económica que ni siquiera nos damos cuenta ya de ella. Quizá nos sucede ahora lo mismo que en los tiempos de nuestra niñez y juventud, cuando éramos pobres sin saberlo, cuando juzgábamos cosa natural llevar nuestros zapatos con el zapatero a fin de que les pusiera ’medias suelas’, pues las originales se habían agujerado ya por el largo uso. También era normal poner nuestras camisas en manos de la abuela, la mamá o la esposa para que les volteara las mangas y los puños, desgastados a fuerza de tantas lavadas y planchadas.

A todas partes a donde voy oigo hablar de problemas económicos. Casi no hay quien no tenga, de una manera o de otra, apuros de dinero. Quizá sólo el señor Slim se salva de esas preocupaciones. Todo mundo siente que su condición se va demeritando. Tengo un amigo, ejecutivo de alto nivel. El otro día me dijo estas palabras:

-Cuando un pobre no trabaja, dicen que es un güevón. Cuando un rico no trabaja, dicen que está deprimido. Pos yo voy de deprimido pa’ güevón que vuelo.

En la noche de bodas la recién casada vio por primera vez al natural a su flamante maridito . Le dijo:

-Ay, mi vida: es cierto que hay crisis, pero tú exageras.

Yo soy un optimista. Mis amigos dicen que soy otra cosa, y emplean una palabra que no comienza con la letra o, sino con la que sigue en orden alfabético. Pero he atravesado por la vida con esa inocente ingenuidad, y nunca he tenido que arrepentirme de mi candidez. Algunas veces he sido engañado, y muchas me he engañado yo, pero prefiero siempre ser el tonto que compró la Torre Eiffel, y no el vivo que se la vendió.

Como optimista profesional que soy encuentro ciertas ventajas en la crisis. Gracias a ella, por ejemplo, la Navidad llega ahora con muchísima anticipación. Desde septiembre, apenas pasan las llamadas fiestas patrias, empezamos a ver en las tiendas mercancías navideñas. Eso se explica porque los padres de familia debe recurrir al sistema de apartado, y separar los juguetes para sus hijos, que irán pagando poco a poco para poder disponer de ellos en diciembre y entregarlos, por sí o por interpósita persona -el Niño Dios o Santa Claus-, el día de la Navidad.

Yo veo esos preparativos en las tiendas, preparativos que parecen tan anticipados, y no los critico, antes bien los entiendo y tomo a bien. Evoco los años infantiles, y vuelvo a ser el niño que ayer fui; el mismo que -a Dios gracias- no he dejado de ser. Pienso en los días que vendrán, los de diciembre, y doy gracias a Dios por esta Navidad anticipada cuyas ilusiones ninguna crisis económica puede apagar.

Por encima de todas las tristezas, que las hay en abundancia, sobre todo en estos tiempos, largos ya y dolorosos para muchos, de pandemia, por encima de eso, digo están los bellos recuerdos, el amor de la familia y los amigos, y la esperanza en que el buen Dios que nacerá en diciembre nos traerá paz, consuelo y esperanza.

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