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José García Sánchez


Fraude y reelección

Fraude y reelección


Noviembre 05, 2019 20:08 hrs.
Política Nacional › México Ciudad de México
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En México proliferó la idea que se convirtió en parte sustancial de la cultura política acerca de que es mejor un fraude electoral que una reelección. La reelección puede ser de partido y no nada más de personas, situación que confunde, pero que se acepta en México ante el antecedente histórico de Porfirio Díaz, quien gobernó mucho tiempo el país creando un poder que podía aplastar la dignidad de los mexicanos.


Rara vez puede separarse la personalidad de Porfirio Díaz con su esquema de gobierno. Gobernar el país en siete ocasiones lo convierte, por sí solo, en un dictador. Es el malo de la historia. Así, en nuestro país alguien que está mucho tiempo en el poder es, automáticamente, un dictador, que se describe oficialmente como un soberano que recibe o se arroga el derecho de gobernar con poderes absolutos y sin someterse a ninguna ley. Pero la definición no incluye el tiempo que haya ocupado el poder, el régimen, el puesto sino su conducta autoritaria, arbitraria, corrupta e impositiva.


Ahora vemos que si nos basamos en el tiempo que se mantiene un líder en el cargo podemos acordarnos de Fidel Velázquez, quien estuvo frente a la CTM, uno de los pilares del PRI, desde donde coartaba los derechos laborales, de 1950 a 1997, es decir hasta el día de su muerte, como distingue a todo un dictador.


Así, se suceden no sólo líderes gremiales sino otros que se desprenden de esa dictadura de partido que cambiaba de hombre y de hombre cada seis años, pero en esencia seguía ganado con el líder de los petroleros Joaquín Hernández Galicia, encarcelado por Salinas de Gortari, que estuvo al frente de ese gremio 28 años, su sucesor, Carlos Romero Deschamps, 26 años. Todos éstos priistas.


También los hay de otros partidos como Francisco Hernández Juárez, del PRD, líder de los trabajadores telefonistas quien los encabeza desde 1976, es decir lleva 43 años y sigue. Así sucede con otros muchos como Joel Ayala Almeida, líder de la FSTSE desde hace 21 años.


Seguramente más de uno de los hombres y mujeres que se eternizan en el cargo tienen como justificación o explicación, que han funcionado. Si esto lo trasladamos al sector empresarial, no podemos imaginar a un gerente, director general o cualquier ejecutivo, el dueño de la empresa lo cambie porque ya cumplió seis o doce años en el cargo. Si le funciona lo deja y lo estimula para que siga ahí.


En este momento el grupo empresarial es el que más se resiste la idea de una reelección de López Obrador, y no porque lo intente, sino porque contradice la estructura misma de su práctica que aseguran es ejemplo de eficacia. Sin embargo, esos mismos empresarios permitieron decenas de fraudes electorales, fueron cómplices incluso en algunos casos, los subsidiaron.


No subsidiaban prestaciones laborales, pero sí fortalecía financieramente fraudes, porque así le convenía a su desarrollo personal. No todo el empresariado está metido en las lides políticas, pero sus organismos son el extremo opuesto de mucho de lo que ahora se hace en la administración pública de la Cuarta Transformación, aunque en público dicen que nada se hace, que no se trabaja, que no se cumple.


Pero, en realidad se hace tanto que ellos mismos quieren cambiar la estrategia de gobierno o, de manera ideal, al Presidente.


Estamos acostumbrados a ver con mayor naturalidad los fraudes electorales que la reelección, ésta si se hace con el voto real de la mayoría no violenta la Constitución, el fraude sí, a grado tal que debe endurecerse el castigo por el simple intento de consumarlo, venga de donde venga.

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