Opinión

Hablemos de derrotas o contraofensivas / III

Sergio Enrique Castro Peña

Hablemos de derrotas o contraofensivas / III

Periodismo

Febrero 06, 2020 07:54 hrs.
Periodismo Nacional › México Coahuila
Sergio Enrique Castro Peña › guerrerohabla.com


Hace un par de meses que concluyó el primer año de gobierno del presidente López Obrador. Lo anterior tiene relevancia porque en ese primer año, las administraciones presidenciales ponen las bases y manifiestan las posibilidades que en los próximos cinco años tendrán para realizar sus aspiraciones como gobernantes. Las noticias no son halagüeñas ni para el presidente, ni para su partido, ni para el país. El primero tiene un país estancado, en el mejor de los casos o, si las cifras no mienten, en una recesión. En lo concerniente al partido, Morena, las cosas no pintan mejor por el síndrome del triunfo el cual no solamente tiene efectos negativos en la relación de sus legisladores en las Cámaras de Diputados y Senadores, con sus pares de otros partidos. Por otra parte, en el interior del partido, que se encuentra en proceso de renovar su dirigencia, las cosas no pintan mejor, de tal forma que el Instituto Nacional Electoral decidió que tienen hasta el próximo año para presentar un padrón de sus miembros confiable.
El presidente López inició su gobierno con una mentira, no una promesa. La visión, la meta de realizar una transformación, no solamente en el sistema de gobierno sino también de toda la sociedad, nunca fue una promesa de gobierno, nunca fue tratada como tema de campaña, ni discutida en mesas de opinión o entre los demás candidatos durante el proceso electoral a fin de que la ciudadanía tuviera la oportunidad de conocerla, comprenderla y discutirla. No, llegó en la toma de posesión del presidente López como un supuesto compromiso con una mayoría electoral -53%-, pero nunca tuvo el carácter de promesa, pero si, de imposición. López Obrador en su discurso de toma de posesión probó la fuerza de un presidente en México, de tener la capacidad de imponer un compromiso, aun cuando nunca fue hecho. Para ello, su transformación debería estar, cual verdad endeble, requería del apoyo de otros hechos históricos que fueran lo suficientemente grandes y validos para que con la simple compañía otorgaran a la incipiente Transformación, su mutación, la validez y el pedigrí que requería con el fin de solventar este pequeño escollo, el presidente López determinó, unilateralmente, que en la línea del poder esta correspondía a ser la cuarta de las transformaciones que se habían dado en México.
Sin embargo, con el objeto de no perder la validez del misterio y, lo más importante la validez histórica que autoritariamente le había dado a cada una de las transformaciones, que a su ver México tuvo durante su historia y, los héroes que las guiaron. A fin de crear una afinidad histórica, se omitió que el objetivo de esos personajes nunca fue guiado por un cambio radical de la forma de vida de sus conciudadanos, pero sí, de solventar una problemática en el contrato social vigente que impedía la consecución de su visión del país que esperaban tener y legar a sus descendientes. Ellos, nunca ocultaron, ni antes, ni durante, ni al final de su lucha cuáles eran sus objetivos, tan claros debían ser estos porque una parte sustancial de esas luchas eran violentas y, con una amplia posibilidad de perder la vida. Esas luchas no eran de ’abrazos, sino de balazos’.
La Transformación, que está buscando y está convencido López Obrador es lo mejor para México, es un cambio del contrato social que actualmente tiene la sociedad mexicana con el gobierno y, entre los otros integrantes de esa sociedad, que determina un sistema económico, político y social. Pensar que en realidad el presidente López espera realizar pequeñas modificaciones al andamiaje social actual es no querer entender el porqué su afán de ser identificado con los actores principales de los hechos más relevantes del país. Él no quiere ser una figura normal o promedio de los gobernantes, su objetivo es pertenecer al selectísimo grupo de los, usando el leguaje deportivo, ’top’. El presidente López, cual caricatura de un moderno Napoleón, se entronó él mismo, se coronó con la diadema de la transformación y se otorgó también el mayor sitio que un mexicano pueda aspirar en la historia del país, estar junto a los mayores creadores, tener la gloria eterna, sin tener que pedirle permiso a nadie, sin tener que morir. Cual emperador declararse Dios en vida.
Sin embargo, la problemática mayor proviene en su confianza, quizá excesiva, en la capacidad del presidente en comunicar por medio de las conferencias ’mañaneras’ la agenda y la importancia de la misma. Esta confianza tiene sus límites en cuanto a los temas que se pueden abarcar, dado que el presidente la ha tomado como un cierto medio de privilegiar los temas y de transmitir sus órdenes sin que sea muy claro hacía que dependencia o funcionario le corresponde atenderlas.
Un aspecto que se debería considerar es que el ascenso del presidente Andrés Manuel López Obrador y su irrupción en la vida política nacional, se tomo como un hecho fuera de lo común y que podría caer en lo que Nassim Nicholas Taleb define como un ’Cisne Negro’, ’algo altamente improbable’, en este caso en nuestra política. Dejando de lado si en el caso del presidente nos encontramos en el surgimiento de un ’Cisne Negro’, no podemos negar que pocos sabíamos o sospechábamos cuál era la política que seguiría una vez que estuviera en el poder. La capacidad de reaccionar, en un inicio del sector privado fue por decir lo menos tibia y dispersa, prevaleciendo la corriente sustentada por Alfonso Romo, Jefe de Asesores de la Presidencia, que aglutinaba a un grupo empresarial, principalmente del Consejo Coordinador Empresarial, por su cercanía a la dirigencia del empresariado privado y por el empresario Carlos Slim debido a los contratos de construcción que está recibiendo, como compensación a las pérdidas por la cancelación del Aeropuerto de Texcoco, por la presente administración y otras inversiones primordialmente en el sector de la construcción y de comunicaciones.
El control que el presidente tiene en las dos cámaras legislativas, su partido es mayoría en ambas y cumple con todas las modificaciones legales que les son dictadas por el poder presidencial. Sin embargo, esta aparente unidad política tuvo su primera grieta en el tema que le afecta a todo individuo, el dinero y como es distribuido. Este conocimiento de parte del ejecutivo, de que el área legislativa nunca fue tan dócil, ni dada a negociar los asuntos que caen dentro de su competencia, también la encontrara López Obrador en el poder Judicial y en el Banco de México.
Por otra parte, el presidente está convencido de que su apoyo incondicional, su voto duro, con los recursos que le ha destinado, las asignaciones para los ’adultos mayores’, $1,250.00 (mil doscientos cincuenta pesos) mensuales, serán suficientes para mantener su apoyo electoral, no tomando en cuenta que esa es la misma cantidad que ya venían recibiendo en las administraciones anteriores. De igual manera, en un acto de malabarismo conceptual, considera a esos mismos recursos como factores importante para demostrar que si bien, la economía no ha crecido, el concepto que él considera el adecuado, el desarrollo del país, sí. En este presente escrito no profundizaremos sobre la falacia de tomar un concepto económico como uno de carácter eminentemente político-social. El desarrollo económico de un país, para considerar que se está realizando, se debe observar unos cambios sustanciales de todas las variables en cuanto a los factores importantes en toda la sociedad. Si consideramos que se está realizando modificaciones en un solo sector, pero los otros permanecen sin ser modificados, lo más que podemos considerar es que se está dando una modificación aislada o aleatoria, pero no, una transformación real. De igual manera, tenemos que considerar, que las modificaciones en las reglas de operación, leyes y reglamentos, que no son en realidad aceptados por todos los sectores de poder que constituyen la sociedad, no tendrán el efecto esperado y tendrán dos caminos: se modificarán en un futuro o, simplemente serán ignoradas.
El actual mandatario tiene una ventaja grande con respecto a sus predecesores. La estructura de los medios de comunicación masiva, se están comportando, hasta ahora, como si actuaran bajo una consigna y, una amenaza si ignoran la misma. La mayoría se conforman en ser paredes de resonancia y desechan realizar cualquier comentario o análisis que sea o se parezca a una crítica o un desacuerdo. Los comentaristas o analistas que tenían años de ejercer su oficio en una empresa y que por sugerencias perdieron su fuente de trabajo, la versión que dan los partidarios del actual gobierno sobre las razones de dicha separación, es más que novedosa e inverosímil, ’perdieron audiencia’ y, por lo tanto son incosteables mantenerlos en sus puestos, para los dueños de los medios donde trabajaban. El control de los medios, ahora es diferente, los de ahora no son igual a los anteriores. ’No comparen por favor, no somos iguales’. Serán otros métodos, más toscos, menos delicados, más eficaces, pero al final con un mismo objetivo, controlar la opinión adversa, uniformarla a su favor.
En las presidencias anteriores, al inicio de sus administraciones se les otorgaban los ’famosos cien días’ de gracia, para que comenzaran a dar resultados. El actual gobierno ya cumplió su primer año, un poco más de tres veces de lo concedido anteriormente y, en lugar de escuchar una evaluación sobre lo obtenido, el presidente López Obrador lo único que manifestó es que requiere de un año más para estar en condiciones para poder dar los primeros resultados de su gestión: siete veces más que a los anteriores. La realidad, es que el presidente se parece a las personas que quieren bajar de peso. Después de hacer un gran esfuerzo, una dieta estricta, y eliminar ciertos productos y sus cantidades de comida y, ver, con báscula en mano que la cantidad de peso obtenido es simplemente ridículo, y nos enfrentamos a la imperiosa necesidad de enfrentar ese problema, en el caso del presidente: la operación de los cambios legales, el cumplimiento de las supuestas condiciones monetaristas del manejo de los ingresos y egresos que le darían, en forma automática la confianza de los inversionistas, si los ha obtenido de los destinados al sector monetarios, financiero pero no al de inversión de capital; la financiación de sus proyectos-sueños, Tren Maya, Refinería Dos Bocas, refinanciación de la deuda de Pemex, Aeropuerto Santa Lucía.
Al no obtener los resultados deseados, se entra en un estado de crisis, algunos piensan de histeria, por la incapacidad de contar con los recursos requeridos y al mismo tiempo cumplir con la promesa de no recurrir a los recursos externos –crédito-. Es loable que un gobierno tenga un equilibrio presupuestal, pero de igual manera importancia es la distribución de esos gastos y la composición real de los ingresos, Lo anterior viene al caso porque los ingresos obtenidos por el gobierno no provienen de las fuentes tradicionales que son los impuestos y, los ingresos por servicios y la diferencia que se tenga con la contabilidad inicial si los gastos son mayores, a diferencia del pasado en lugar de recurrir a créditos –internos o externo o ambos-para suplir esa diferencia, en la actualidad se echó mano a los fondos de contingencia disponibles. Por otra parte, a fin de desviar la atención pública de esta situación, se desviaron recursos a los llamados programas sociales, con el pretexto de que con esto se incrementaba el nivel de bienestar. Se puede decir que la población recibió una cantidad de ingresos superiores a los obtenidos en su trabajo en el proceso productivo, pero de ninguna manera se puede considerar que dicho ingreso es producto de pertenecer a una cadena y con ello contribuir directamente a la producción del país. Se apela a la evasión de comer chocolates, en este caso los llamados Bancos de Bienestar con una inversión de diez mil millones de pesos. Al no poder cumplir con promesas cuantificables, la salida es aumentar las promesas, pero, que estas sean incuantificables y, por lo tanto, no medibles. O, si se pueden cuantificar, simplemente ignorar ese hecho y llevar toda acción al campo político.
Este año 2020, los más optimistas o partidarios del presidente, consideran que no puede ser tan malo, en lo económico, como 2019 y que, la única alternativa que tiene la economía es la de crecer. A esos optimistas, permítanme señalarles que una economía a la baja si puede bajar más y las consecuencias negativas son mayores, así, como las posibilidades de superarlas son en el sentido contrario. Las perspectivas a las que se enfrenta el actual gobierno no son muy halagüeñas. Dejando de lado, los problemas internos que son producto de nuestros errores, con poca contribución externa, 2020 será un año en donde contrario al año anterior, se tendrá un margen de maniobra muy limitada y estará marcada por las condiciones política-económicas del exterior. 2019, será recordado, aparte de muchas otras razones, como un año que perdimos por los desvaríos de un presidente imberbe y, poco dado a cambiar de opinión. Que piensa que México y el mundo comienzan y terminan en su particular concepción. Pero, una prospectiva sobre 2020, la trataremos en nuestra entrega siguiente y, hoy simplemente recordamos que nuestra proyección de crecimiento para el pasado 2019, no cayó en los rangos pronosticados 0.5-1.0 por ciento, cuando las del Banco Mundial, la SHCP y los Bancos extranjeros rondaron en el 2.0 por ciento, fue del cero por ciento. [email protected]



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