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Opinión

Sergio Enrique Castro Peña


Hablemos de ideas o de ocurrencias /I

Hablemos de ideas o de ocurrencias /I


Abril 28, 2018 11:28 hrs.
Periodismo Nacional › México Coahuila
Sergio Enrique Castro Peña › guerrerohabla.com

En ocasión del otorgamiento del premio Nobel de literatura a Octavio Paz, la prensa nacional le realizó una entrevista y, con su gran sagacidad el entrevistador, siguiendo la tradición de una parte del medio, le inquirió sobre que pensaba de las ideas de Carlos Monsiváis, a lo que el recién galardonado respondió: ’Monsiváis no tiene ideas, tiene ocurrencias’. En los siguientes días, el tema que dominó a los medios de comunicación, no fue la obra de Octavio Paz, ni menos la conocida de Carlos Monsiváis, la discusión se centró en si el primero pecaba de exceso de arrogancia y que el premio recién ganado se le había subido a la cabeza y que exudaba, por todos lados de vanidad, dado que después de todo, de acuerdo, a una parte de esos comunicadores, su obra estaba sobrevaluada. Lo anterior viene a colación porque, de acuerdo, a esos o sus descendientes periodísticos estan señalando que los actuales candidatos no estan exponiendo a los futuros electores cuáles son sus propuestas, sin especificar que entienden por propuestas. La presión es de tal magnitud, que cuando alguno de esos candidatos manifiesta alguna acción en particular, le replican que no da a conocer cuánto cuesta y de donde saldrán los recursos para financiarlas. Dejando un poco de lado la cuestión presupuestal, las limitaciones que éstos tienen a su tiempo, el hoy candidato y futuro presidente, tendrá que enfrentarse a esa realidad y, concentrémonos en las ideas o las ocurrencias ’separando el trigo de cizaña’, como diría uno de esos candidatos muy cercano a la ideología protestante.
Una idea, a pesar de contener una gran carga subjetiva, imaginaria, representa en sí, algo que el que la tiene simboliza una realidad y, que posteriormente tratara de transmitir a los demás, para que, en forma negativa o positiva, la compartan con él o con otros. Asimismo, llevándola al campo del análisis y discusión a fin de que sea enriquecida, modificada o rechazada hasta llegar a ser parte del conocimiento grupal. Las ideas tienen una relación muy cercana con los sueños, no en el sentido físico sino en el abstracto de lo que nosotros pensamos sobre una persona, situación o lugar. Las ideas o ideales, los anhelos en ocasiones convertidas en un sueño, aceptado y difundido por una gran población llegan, a pesar de ya no existir el promotor directo, en la esperanzas de toda una generación y alcanza a trascender muchas más y, aunque la mayoría raramente tienen una transformación o transciende en la historia, algunas si sobresales y tienen una influencia tal que forman escuelas, en caso de tratarse de los campos de filosofía, arte, literatura, pero en el terreno de la política y de las formas de gobierno su influencia se siente en un espectro de espacio y tiempo mayor. De tal manera que pueden ser confrontadas con la realidad y determinar su factibilidad.
Producir ideas va mucho más lejos de lo que la mitología nos dice. Estas no llegan como el golpe de un rayo o en momentos de inspiración instantánea, tampoco debajo de los arboles de manzana. Estas, las ideas, son producto de períodos que incluyen una etapa de gestación, de depuración, afinación, de confrontación y de integración, de mucho trabajo, de muchas frustraciones y con el temor constante de que esa idea no sea publicada primero, por otros que le son afines y pueden complementarlas y, con ello, fortalecerlas. No es proceso de creación espontanea, se acerca más al lento caminar de lo evolutivo, por tal motivo, es realmente raro que un político cree una idea, su mayor facultad es encontrar la o las ideas que le sean afines con sus objetivos y a las personas que quiere adherir a su causa, que no necesariamente sea un ideal. La creación, la formación de una idea, como se manifestó anteriormente, requiere tiempo, estudio, rumiar ese conocimiento, cribarlo por lo que no es extraño que esa función la realicen los profesionales de sus respectivos campos. De igual forma, una actividad que pudiera considerarse como menor, el asesorar, requiere que la persona que la realice cuente con los datos más completos y el tiempo para ordenarlos, asimilarlos y sacar de ellos la información que sea más pertinente para las necesidades del político. De ahí, que las ideas y teorías en el campo de la política también provienen de esos especialistas quienes deben ser los seguidores principales y estar convencidos de ellas. Es este campo, podemos encontrar en el Renacimiento al florentino Nicolás Maquiavelo con su obra ’El Príncipe.’ Sí bien su objetivo no era producir una obra teórica, sino aconsejar y congraciarse con Cesar Borgia, su carácter integral y de utilización general la hace pertenecer a dicha categoría. Posteriormente a finales del siglo XIX y principios del siglo XX, Antonio Gramsci con su libro ’La política y el Estado moderno’ nos da una mirada desde el punto de vista marxista. Asimismo, ya entrado el siglo XX, en 1984, el también politólogo Roberto Bobbio nos da su libro ’El futuro de la democracia’.
Las ideas, parafraseando a Dostoievski ’provienen de la vida, para posteriormente regresar a ella’ y, las ideas políticas no son la excepción. Al presentarse una idea, se producen también unas teorías que nos llevan a encontrar los fundamentes lógicos para posteriormente confrontarla con la realidad y nos muestre su pertinencia. De igual forma, las ideas en el campo de la política están ligadas a las corrientes filosóficas en cada período histórico en particular. Por tal motivo, las que sobreviven al paso del tiempo, son la prueba más significativa de que todavía no trascendemos a otros estadios del desarrollo social, y se apoyan en problemas que no han sido superados y, que de alguna manera son un escollo para que esa sociedad, tanto en lo económico, lo tecnológico, científico, cultural y político se supere. Los problemas, que se generan en la gran mayoría de la población y, que anteriormente se identificaba como ’masa,’ en la actualidad la corrección política no aconseja el uso del término, la encontramos en ’La Rebelión de las Masas’ de José Ortega y Gasset y en ’Poder y Masas’ de Elías Canetti. Lo anterior es de vital importancia no solamente en el campo de la mercadotecnia sino en el área de la política, dado que en ambas se puede utilizar la misma información, las preferencias y el factor de imitación es una poderosa herramienta para ambas áreas, aunque en diferentes niveles. Como lo mostró Arnold Toynbee en su libro ’El Estudio de la Historia’, en donde expone que a medida que se incrementa la comunicación entre los diferentes niveles económicos altos, medios y bajos, teniendo un cambio en el comportamiento social, en donde los estratos más altos comienzan a imitar a los bajos, creándose una nueva cultura y comportamiento social. En donde las diferencias entre ellos, se disminuyen, primordialmente en su capacidad de análisis, en detrimento de los primeros, por lo tanto, en las preferencias de uno va seguido por el otro. La explicación que da Arnold Toybee es que a medida que el sistema económico-político-militar y en su caso de las culturas, las diferencias de comportamiento se ’relajan y vulgarizan’, y son como un punto de partida del declive de ese sistema. Un caso común utilizado por los políticos demagógicos, de corte de derecha o de izquierda, es el de culpar a un grupo de la sociedad de los males que nos aquejan. En los tiempos de los nazis, fueron los judíos. Ahora en nuestro país, a los que se responsabiliza son a los ricos, los exitosos, los sobresalientes, señalándose que sus triunfos o riqueza son simplemente consecuencia del favoritismo o de la corrupción. Con esto, no pretendemos generalizar esas causas, pero si, en lo común a que se recurre.
Lo anterior, le muestran a los políticos las ideas, que en esa materia, tiene que enfrentar para abarcar a la mayor parte de la población, a la masa, manejar sus deseos y esperanzas no expresadas, aquellas que el efecto de imitación esconde o se diluye entre el espejismo de la amplia comunicación, que sólo crea al final otra forma de agrupación entre los que constituyen un mismo grupo, sin importar las distancias que lo separan. Las ideas o fobias por situaciones comunes son más fáciles de penetrar a una población que se encuentra en situaciones similares de cotidianidad, inseguridad, desigualdad, pobreza, violencia, injusticia y corrupción son temas recurrentes en todas las noticias, conteniendo la idea de que con solo un cambio violento, no necesariamente físico, que derribe las estructuras actuales, pero sin sufrir las consecuencias de este cambio violento, desestabilización, pérdida y desaparición del estado de vida actual, destrucción y caos. Provocar las ideas de insatisfacción es más fácil que remediarlas. Dado el estado actual de la sociedad, no cuesta gran cosa, lo difícil es controlar dicha situación cuando las circunstancias, la realidad les muestran a los renovadores instantáneos, los revolucionarios de café, que eso no es posible, ni en un tiempo tan corto propuesto, ni con los recursos disponibles y la capacidad productiva disponible.
Esto nos lleva a señalar en lo que entendemos como ’ocurrencias’ y, máximo en cuestiones políticas. Las ocurrencias se identifican por la duración de su efecto, el objetivo de las mismas, el lugar, el tiempo en que se dicen y, en su mayoría son respuestas verbales. No carecen de agudeza, pero si, de profundidad, son espontáneas, momentáneas, para salir, como se dice comúnmente, del paso. Grandes escritores y políticos han sido conocidos por lo mordaz de sus expresiones, pero no dejan de tener su condición esencial, librar un momento. Por lo que, no son producto del análisis, del estudio, del pensar y repensar lo que se va a exponer. Puede ser otra cara del carácter de una persona brillante como es el caso de Churchill o Góngora o de simplemente el de caer bien para lograr un bien momentáneo, ya sea este material, como el caso de ’Pito Pérez’, cuando contaba sus supuestas aventuras para entretener a los parroquianos que concurrían a las cantinas y al entretenerlos lograba unas monedas o un poco de comida, pero según decía, que lo que más le daban era lo que menos quería, vino. Lo anterior, se considera relevante en el momento que se vive con las elecciones dado la rapidez en que se dan tiempos que un candidato tiene que comunicarse, por los diferentes medios, con sus posibles electores. Sin embargo, dentro de esta vorágine de propagando electoral, se espera, y se quiere, que en un momento, aunque sea breve, exponga cual son sus objetivos a realizar, ya como gobierno.
Los políticos, en su mayoría provienen o son apoyados por un partido en particular y su diferenciación con otro son las ideologías que dominan en cada organismo político. Pero aun, los que se denominan independientes o creadores de corrientes son como lo expresó Keynes ’presas de algún pensador olvidado en el tiempo’, sino que de muchos de ese tipo y, que, el político, esperando que la enorme capacidad de olvido con que cuenta el ciudadano, tome como novedad lo que únicamente constituye un refrito. Sin embargo, cuando se inicia el proceso de una campaña electoral para llevar a una posición superior a un político, el partido en si cede su preponderancia ante los requerimientos que la misma campaña le demandan al político y su rigidez ideológica tiene que dar paso a la realidad momentánea. Pero, esto, no implica que ese pragmatismo político sea de de tal magnitud que se diluya y pierda toda relación con el ideal inicial o que le da sustento. También hay que considerar, que tanto el discurso como su accionar, son complementos de las ideas bases, por todo eso es conveniente dar una breve reseña de las teorías políticas que le dan sustento base, a los diferentes candidatos y sus partidos.
Como paso inicial, debemos señalar que el campo en donde se desenvuelven los actores de la política está regido por un conjunto de reglas que tutelan la operación y determinan la forma en que los participantes pueden jugar y, lo que es más significativo, estas reglas deberán ser aceptadas y cumplidas por esos mismos participantes. A este juego, se la denomina ’democracia’, ’democracia representativa’ o ’régimen democrático’. Otro factor que es conveniente considerar es que la democracia, como todo sistema, está en constante transformación. Sin embargo, este proceso requiere elementos de cambio, de crisis, de inestabilidad y en ocasiones de caos, primordialmente porque ’este tipo de proceso las acciones, por su naturaleza, son enfrentadas unas a otras y los elementos favorecidos en esta intercambio obligan a las otras a salir de su área de confort y enfrentarse a estas nuevos contextos’. Así mismo, debemos tomar en cuenta, el ambiente de frustración, principalmente entre aquellos que por largo tiempo se consideraron los constructores de la democracia mexicana. Estos, al ver como esa idea de democracia, teórica, al ser confrontada con la realidad produjo una diferencia significativa entre lo que se consideró como ideal y lo que nos mostró la realidad, termina por llevarlos a una reacción multifacética. Van desde la posición más conservadora, que nuestro modelo legal debe revisarse y realizar las adecuaciones pertinentes, hasta las posiciones en donde se reconoce que ese intento de establecer y crear una democracia no alcanzó los objetivos de ella esperados: crecimiento y desarrollo económico, mayor igualdad en la distribución del ingreso, estado de derecho y seguridad.
Una vez dado un marco general sobre donde su mueve, se nutre y producen las ideas y en su contrapartida los ocurrencias, en conveniente hacer un breve análisis del origen de las ideas y, que posteriormente se convirtieron en corrientes políticas en donde encuentran fundamento los actuales partidos que están contendiendo para la presidencia. Con ello, esperamos dar un espectro que nos ayude a comprender el porqué de algunos comportamientos y, en otros, algunas alianzas, movimientos y frentes políticos. Como siempre hemos sostenido en esta vida nada es casual, es causal. Pero, eso será tema de posteriores entregas.sergiocastro6@yahoo.com.mx
Anexo: AMLO no solo no sabe hablar de corridito, tampoco pensar.

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