Kafka, Buda, Klaus, Arriaga (“Chucho el Roto”) y otros bárbaros


Con esta publicación se inicia en Tlaxcala, desde el Colegio Cultural Evolutivo, el rescate verídico, profesional, biográfico e histórico del multifacético Jesús Arriaga.

Kafka, Buda, Klaus, Arriaga (“Chucho el Roto”) y otros bárbaros

Septiembre 30, 2014 12:44 hrs.
Biografías Estados › México Tlaxcala
Rafael García Sánchez/revista “Tierra Grande” › todotexcoco.com

Tlaxcala, Tlaxcala.- LLAMAN LA ATENCIÓN, de este libro quincenal No. 95 los nombres de los personajes en portada titulado “Grandeza en la Historia”, publicado en aquellos años, principio de los 90‟S, en que a nuestra moneda le quitaron tres ceros (“desaparecer” tres ceros no fue idea precisamente de “Chucho el Roto”, puesto que él había fallecido aproximadamente 100 años antes), y nacían los “nuevos pesos” (como se aprecia en la esquina superior derecha, de la imagen adjunta). Personajes de diversas culturas y épocas fueron conjuntados en este “libro quincenal” de 128 páginas “editado cada dos semanas por EDITORIAL DEL GRUPO AGA, S.A. DE C.V.” A pesar de ser una obra netamente comercial, es evidente la “disparidad” de los personajes reunidos: ¿Por qué conjuntar en una sola obra a Buda con el Carnicero de Lyon, Klaus Barbie?, o bien otro polo sumamente opuesto como lo es el propio Franz Kafka con Jesús Arriaga, alias Chucho el Roto.

Como parte de los “comentarios del editor” asentados en la página 3, leemos: “¿Forma parte de la historia o tan sólo es una leyenda la existencia de JESUS ARRIAGA “CHUCHO EL ROTO”? En este interesante reportaje se aclaran la vida y aventuras de este Robin Hood mexicano”.

Después de leer el reportaje, distribuido a lo largo de las primeras 23 páginas del impreso, no se aclara nada de la vida de Arriaga. Cierto es que el artículo, firmado por Catalina Miranda, es de buena factura, y aporta nuevas, aunque tenues, luces en torno al Robin Hood mexicano. Se percibe de inmediato la calidad de investigadora y reportera, salvo el pequeño detalle de que no incluye –tampoco cita– al menos, alguna referencia sólida para sostener su investigación. En este reportaje es evidente que la autora ha hecho una recopilación de lo que (hasta mediados de los 90‟S del siglo XX) se tenía del famoso bandolero, nacido en Santa Ana Chiautempan, Tlaxcala, pero nada más.

Dado el perfil de este número 14 de Tierra Grande (digamos especial) o mejor dicho: dedicado al ilustre Chiautempense Jesús Arriaga alias Chucho el Roto, me parece oportuno participar e incluir una breve colaboración, que marque el inicio de nuevos enfoques biográficos y segmentos históricos en torno al ilustre salteador. Sin embargo, voy un poco más allá: con esta publicación se inicia en Tlaxcala, desde el Colegio Cultural Evolutivo, el rescate verídico, profesional, biográfico e histórico del multifacético Jesús Arriaga.

Durante todo el siglo XX, no se publicó ninguna investigación serie. Abundan las leyendas, y de éstas han surgido nuevas leyendas y releyendas, incluso, en la primera mitad del mismo siglo XX, se hicieron varias películas, obras de teatro, radionovelas, etcétera, con el mismo título: “Chucho el Roto”, y eso es todo. Esta leyenda ha sabido ser aprovechada en otras entidades federativas. Sin embargo, es momento para dejar de lado la pasividad y sucesión de leyendas, y avocarnos a coordinar esfuerzos para investigar, escribir y publicar una biografía formal, documentada y estructurada con el rigor que la historia requiere, enfocada totalmente al célebre Jesús Arriaga (lo anterior, forma parte del proyecto 1L-CCEAC/RGS-2014). Por lo pronto, y ya que hemos citado esta obra, “Grandeza en la Historia”, habremos de analizar escuetamente el texto relativo a Chucho el Roto, titulado “Jesús Arriaga, alias “Chucho el Roto”, autoría como ya comentamos de Catalina Miranda.

LAS HERMANAS FRIZAC

Miranda apunta que el joven carpintero Jesús Arriaga, a la edad de 18 años, recibe le encomienda para acudir a la residencia de los Frizac, en la Av. Bucareli, para evaluar el tiempo y el costo de un trabajo determinado para reparar sillería de estilo francés. Las hermanas Carolina y Matilde eran dos jóvenes huérfanas de 20 y 18, respectivamente. Es claro que Matilde y Jesús tenían la misma edad.

Como una deferencia especial para esta revista Tierra Grande, del investigador e historiador Chiautempense, Jesús Cortés Ilhuicatzi, miembro distinguido del Colegio Cultural Evolutivo, he incluido en estas páginas (en la No. 30 para ser más exacto) una reproducción facsimilar del registro parroquial que refiere el nacimiento y bautizo de Jesús Arriaga, nacido el día 26 de marzo de 1844.

El texto del citado documento es el siguiente:

“En esta Yglesia Parroquial en Santa Ana Chiautempan, a veinte y ocho de marzo de mil ochocientos quarenta y cuatro años, yo el ciudadano Joaquín Nuñez, teniente de Cura y de esta doctrina, bautisé solemnemente á José de Jesús Dolores, de dos días nacido, hijo legítimo de José Pascual Arriaga, y María Gertrudis Lima, Ciudadanos de esta Cabecera: fueron sus padrinos Maximino Herrera y Ma. Guadalupe Rosas… ”

Con ello se demuestra y confirma que es Santa Ana Chiautempan, Tlaxcala, el lugar de nacimiento de Jesús Arriaga. Y no sólo eso: su tercer nombre es Dolores, que es precisamente el nombre que “casualmente” fue impuesto a su hija, cuyo nombre completo fue Dolores Arriaga de Frizac

La misma Catalina Miranda continúa su relato. Señala que la intención inicial de las hermanas Frizac, era casarse en Francia; y en su momento, disponer de la fortuna (económica) que su tío les habría de heredar. Al haber quedado embarazada Matilde a los 18 años, esta situación cambió totalmente aquellos planes de boda en Francia. La hermana Carolina deduce, que el embarazo fue alevosía del carpintero “sólo para hacerse rico de la noche a la mañana”; ante esta situación, se recurre a una comadrona, para evitar el nacimiento, solamente que, por el avanzado estado del embarazo, esto ya no fue posible. Como es de suponerse, se evitó a partir de entonces, todo acercamiento del joven padre, Arriaga, con la futura madre y, por consiguiente, con su hija que estaba por nacer. Incluso, le negaron la petición de entregarle al bebé en cuanto naciera, dado que ese era el deseo de Jesús Arriaga.

Si atendemos que Jesús Arriaga nació en 1844, como se asienta en su registro parroquial, esto quiere decir que en 1863 tenía 19 años. Miranda. Un dato que es fundamental en la vida de Jesús Arriaga, y que en ninguna parte de su artículo menciona Miranda, es el siguiente:

Jesús Arriaga fue oficial del Primer Regimiento de la Brigada de Antonio Carvajal, durante la Guerra de Reforma. No sabemos qué tiempo estuvo incorporado, pero se entiende que en ese período, Arriaga tendría de 16 a 19 años. Para quienes ignoran esa breve etapa, cabe apuntar que la llamada Guerra de Reforma abarcó de 1860 hasta 1863. Desconozco de momento, si Arriaga estuvo 3 años completos alistado en ese regimiento, o solamente por temporadas, a las órdenes del militar tlaxcalteca Antonio Carvajal (nacido en la misma región de Arriaga) quien comandó una columna de 1,500 efectivos, en la gloriosa batalla del 5 de mayo de 1862 en Puebla, bajo las órdenes a su vez del General Ignacio Zaragoza. (El texto de Miranda, y en sí el libro completo “Grandeza en la Historia” No. 50, está a disposición de quien requiera consultarlo).

Este dato, de Arriaga incorporado en la Brigada de Antonio Carvajal está asentado en el periódico “El Telégrafo”, (ya señalado en la portada de esta revista). Hasta este momento, hemos confirmado el año de nacimiento de Jesús Arriaga, 1844, no así el de Matilde Frizac que, por simple deducción, pudiera haber sido poco más joven que su atrevido amante Arriaga. Esto pudiera suponer: que cuando el también carpintero andaba en las lides militares, su hija ya había nacido. Esto, lo pudiéramos confirmar en la siguiente apreciación de Miranda.

“Desde entonces Jesús Arriaga estuvo al tanto de todo lo que sucedía en la casa de donde había salido despreciado por su condición humilde. Había hecho amistad con algunos criados de las Frizac, ellos lo mantenían informado de lo que pasaba en aquella residencia. Así se enteró de que las hermanas se habían ido a vivir a una casa de campo que tenían en Tlalpan y que ahí había nacido la hija de Matilde, quien se había negado a separarse de la niña después de verla por primera vez. Jesús, al enterarse que Matilde aceptaba a su hija hizo a un lado la idea de apoderarse de ella, consideraba que una recién nacida necesitaba más de su madre.

Posteriormente Matilde y Carolina anunciaron a sus amistades que harían un viaje a Europa y que ahí adoptarían una niña. Pero en lugar de partir hacia el viejo continente se instalaron cerca de Veracruz en una hacienda de su tío Diego. En la hacienda permanecieron algunos años, luego regresaron a la ciudad de México, cuando la niña, llamada Dolores, tenía cuatro años de edad.

Jesús durante ese tiempo se mantuvo informado (gracias a los criados), que las Frizac dejaron la residencia de Bucareli, la cual vendieron para mandar construir otra del mismo estilo en la Calle de Puente de Alvarado. A esa nueva casa llegaron, supuestamente de Europa, Carolina y Matilde acompañadas de la hija de Jesús Arriaga, quien las llamaba tías”.

En el párrafo anterior, encontramos varias coincidencias: la familia Frizac cambia de residencia casualmente en el período de la Guerra de Reforma que abarcó tres años; además, “oculta la vergüenza” ante su clase social de que su sobrina hubiera resultado madre soltera. Por otra parte, ellas “adelantan” poco antes de la supuesta partida a Europa, que allá habrían de adoptar una niña; niña que habría de llevar el nombre de su propio padre: José de Jesús Dolores Arriaga Lima.

Por su porta, y por su alta posición (seguramente dentro de la política) don-Diego Frizac debió actuar con doble cautela: cuidar su reputación ante una sociedad “de la alta”, y cuidar sus movimientos políticos, en beneficio de su economía: como vemos, parece que tener propiedades, haciendas en diferentes regiones del país, era común en él. Y sigue siendo común en el mismo sector político, guardando desde luego las debidas proporciones de una y otra época.

El relato de Miranda continúa con varias etapas bien conocidas de la leyenda: Arriaga “rapta” a su propia hija, es denunciado, la policía lo busca, por un tiempo no lo hallan; él tiene dificultades económicas, no entiende la voracidad de los ricos, vé una tremenda desigualdad social, siente en carne propia la presión del poder ante la clase humilde; “La mala distribución de las riquezas en México, provocó el empobrecimiento de la clase popular, y el exagerado crecimiento de la fortuna de los aristócratas. Como producto de aquella sociedad injusta surgió uno de los más célebres bandidos…”; se agrave la salud de la mamá de Arriaga, y el día que ella fallece, es apresado en pleno velorio Jesús Arriaga; es conducido a la Segunda Demarcación de Policía, ahí conoce al “Rorro”; de ahí, fue conducido a los tribunales. La Prensa brinda sendos espacios al célebre bandido, noticias que atraen la atención de todas las clases sociales; es enviado a la Cárcel de Belén, recluido en la Bartolina-40, se reencuentra con “El Rorro” (Margarito López); ahí conoce también a Simón Palomo alias “La Fiera”, Juan Ramírez “La Changa”, y un “joven abogado apellidado Barragán, preso por haber participado en un levantamiento contra el Presidente Díaz.

Como es sabido: Díaz inició su primer mandato presidencial en mayo de 1877 y concluyó como tal en 1880; y el segundo período lo inició en 1885, y concluyó 25 años después, en 1910. Miranda no precisa el año en que Barragán participó en ese levantamiento contra el presidente. Todo pudiera apuntar que aquel “levantamiento” fue en el segundo período de Díaz. Sin embargo, y por las fechas en que fue procesado Arriaga, es evidente que fue durante el primero período presidencial. De esta forma, apreciamos un “faltante de tiempo” en la cronología de Chucho el Roto. Como ya he mencionado líneas arriba, en ninguna parte, Catalina Miranda cita la relación del bandolero, con el Regimiento de Alatriste, y de Carvajal:

En el informativo “El Telégrafo” encontramos un reportaje extenso, el cual entre otras cosas cita lo siguiente:

El C. General Juan Pérez Castro, dice: que a principios de 58 conoció a Arriaga que era oficial del Batallón de Tlaxcala, dejando de serlo cuando terminó la Revolución; después en el año de 63 lo volvió a ver cuando el sitio de Puebla, en que estando el exponente herido, curándose en el hospital le hizo una visita Jesús Arriaga vestido de paisano, por lo que creyó que ya no sería militar; que en el tiempo que lo trató no observó ni supo nada malo de su conducta.

El general Macario González afirma que en el año de 58 conoció a Jesús Arriaga en Tlaxcala, y siendo el exponente jefe de las fueras de infantería, lo veía dar instrucciones a la tropa; que como a los dos meses pasó al exponente á al brigada de Alatriste y dejó de verlo. En 65 volvió a verlo en Oaxaca y ya no de oficial sino vestido de paisano. Bernardo Castillo, mayor de la gendarmería dice que por los años de 58 a 60 en que el que habla militaba en la Fuerza de Tlaxcala y Puebla, que mandaban los Generales Alatriste y Carvajal, conoció a Jesús Arriaga como Segundo Ayudante en el Batallón 1° de Tlaxcala, al que como Militar en asuntos de servicio observó buena conducta”.

Es imposible que: si Jesús Arriaga nació en 1858 como hasta hoy se ha venido manejando, pudiera estar presente (el mismo año) y ser parte del Batallón de Tlaxcala. Sin embargo, y si atendemos el año de 1844 como el de su nacimiento, que es el que nos presenta Jesús Cortés Ilhuicatzi, entonces sí es creíble encontrar al joven Arriaga, en 1858, a la edad de 14 años, como “oficial del Batallón de Tlaxcala”.

La información publicada en los diversos medios informativos impresos (tan diversos como La Patria de México, La Libertad, Diario Oficial, El Nacional, El Correo de las Doce, La Voz de España, La Orquesta, La Voz de México, El Telégrafo, El Monitor Republicano, El Siglo Diez y Nueve, El Diario del Hogar, entre otros) durante los años 80‟S del siglo XIX, nos resultan de vital importancia para generar el primer estudio biográfico e histórico formal de Jesús Arriaga. Ello, sin considerar otras fuentes estrictamente serias.

En algunos de estos informativos, son abundantes las noticias que describen con lujo de detalles las peripecias generadas por “Chucho el Roto”. Desde sus muy particulares políticas periodísticas, la escandalosa figura social de Jesús Arriaga es traída a colación en varios impresos de los arriba mencionados, dado que fue un caso singular: robar. ¿Para repartir el botín entre los pobres? Ello generó, indiscutiblemente, posiciones encontradas en una sociedad que, sin saberlo, iniciaba una dictadura férrea, con el visto bueno del Tío Sam, encabezada por Pelícano.

Pudiéramos seguir espigando –en este espacio– la abundante información que Miranda publica en “Grandeza en la Historia”, nos da para otros dos o tres tantos de esta colaboración. Esto, es apenas el inicio de nuevas investigaciones en torno a Jesús Arriaga. Por ahora habremos de poner punto final a esta colaboración, con el compromiso de tener la oportunidad de presentar desde este medio, el resultado de este proceso de investigación que está ya estructurado en su primera etapa.

Por último: en Wikipedia (http://es.wikipedia.org/wiki/Chucho_el_Roto) encontramos una semblanza (que no deja de ser leyenda) del famoso bandolero Chiautempense. Dicha semblanza tiene el soporte de 4 fuentes bibliográficas (cuyos autores, todos, son oriundos precisamente de Chiautempan, la tierra natal de Chucho el Roto). A partir de esta fecha y de este número, dejamos de lado aquella fascinante leyenda del bandido generoso, para dar paso al rescate formal, serio, estructurado y riguroso. Las leyendas tienen una doble (ó quizá triple) función: cautivar a los turistas, y presentar un hecho del que no es posible demostrarlo con documentos. Como ejemplo de ello, bien puedo citar aquella leyenda que los guías de turistas comparten a los visitantes a la majestuosa Catedral de Puebla: “la leyenda cuenta que no hubo poder humano que pudiera subir la campana mayor (cuyo descomunal peso no recuerdo) a su lugar definitivo. Ante esta situación, la leyenda sostiene que fueron los ángeles quienes, apoyados con hermosos listones de colores, subieron la campana (cuyo nombre tampoco recuerdo)”.

Es emocionante escuchar estas leyendas en el lugar de que se trate. En lo personal, y sin demeritar tan portentoso relato angelical, dejo de lado ésta que es una de las principales leyendas de Puebla, para dar paso a los archivos: como es sabido, durante la construcción de la Catedral de Puebla, fueron los tlaxcaltecas y los cholultecas quienes realizaron los trabajos más pesados y peligrosos. De ello tenemos múltiples referencias. De hecho la ciudad y la catedral de Puebla –con o sin leyendas- nunca van a perder su encanto. No en balde está catalogada como patrimonio cultural de la humanidad. Supongo que ni los cholultecas ni los tlaxcaltecas necesitan el crédito histórico correspondiente en la fabricación y terminación de tan regia construcción. La historia vertical, y no el olvido humano, es la que pone a cada quien en su lugar.

Chucho el Roto por su parte, habrá de recobrar la posición histórica que en realidad le corresponde. Y para ello, son las fuentes fidedignas las que habrán de jugar un papel importante para alcanzar tal objetivo. El bandolero seguirá siendo leyenda, pero también surgirá como una realidad histórica.

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