Juegos de poder

La cola del PRI

Leo Zuckermann

La cola del PRI

Periodismo

Junio 23, 2020 15:09 hrs.
Periodismo Nacional › México Ciudad de México
Leo Zuckermann › guerrerohabla.com

• Un gobernador priista tiene dos opciones. Hacer todo para que lo suceda en el poder otro priista con la posibilidad de acabar en la cárcel por temas de corrupción o dejar que Morena se lleve ese estado y vivir tranquilamente el resto de sus días. No hay que ser genio para adivinar cuál es la mejor opción para ellos.

¿Cómo va a jugar el PRI en las próximas elecciones de 2021?

Lo natural es pensar que como oposición. Pero en política, lo evidente no es necesariamente lo cierto. Es más, puede ser que algunos jueguen el papel de opositores y otros, a favor del gobierno de López Obrador.

Los priistas son los que tienen más que perder en los comicios que vienen. De las quince gubernaturas en juego, ocho las gobierna actualmente el tricolor. De perderlas, el PRI se quedaría sólo con cuatro gubernaturas de las 32 (Coahuila, Hidalgo, Estado de México y Oaxaca). Vería muy mermada su presencia regional.

Hay que recordar que el PRI pudo recapturar el gobierno federal en 2012 porque, cuando perdieron el poder en 2000, se dedicaron a reconstruir el partido desde lo local. Fue una alianza de gobernadores priistas la que construyó la candidatura presidencial de uno de ellos (Enrique Peña Nieto) para regresar a Los Pinos.

Si el PRI pierde su fuerza local el próximo año, ya le puede ir diciendo adiós a cualquier posibilidad de competencia en la elección presidencial de 2024.

Todo indicaría, entonces, que el otrora partido hegemónico hará hasta lo imposible para reposicionarse en 2021 y no sólo retener sus ocho gubernaturas, sino también ir por más. Incrementar su número de gobernadores, diputaciones federales, ayuntamientos y diputaciones locales. Tendría que echar toda la carne al asador. Jugársela como si esta fuera —que lo será— la última oportunidad para mantenerse como uno de los tres partidos más fuertes de México.

Sin embargo, aquí entra el tema que siempre ha afectado a ese partido político: la corrupción.

El peñanietismo, y su gusto por los negocios desde el poder, dejó un legado fétido en el PRI. Mucho le tienen que agradecer al presidente López Obrador, quien no los ha perseguido judicialmente por los múltiples casos de corrupción, los cuales llegaban al máximo nivel del gobierno federal y los gobiernos estatales.

Y he ahí, precisamente, el problema para el PRI. El gobierno de Andrés Manuel López Obrador los tiene agarrados de sus partes blandas (por citar, de manera elegante, a los cronistas de box). Saben que, si empiezan a jugarla como oposición, pueden comenzar a aparecer las carpetas de investigación de casos de corrupción. Por eso, a lo mejor, prefieren jugarla a favor del gobierno para salvar su pellejo.

Un gobernador priista tiene dos opciones. Hacer todo para que lo suceda en el poder otro priista con la posibilidad de acabar en la cárcel por temas de corrupción o dejar que Morena se lleve ese estado y vivir tranquilamente el resto de sus días. No hay que ser genio para adivinar cuál es la mejor opción para ellos.

En algún sentido, el papel que va a jugar el PRI en las próximas elecciones tiene que ver con el tamaño de la cola que les podrían pisar.

Pero, incluso, es peor que eso. Aunque la tengan corta, saben que el gobierno actual de López Obrador tiene la mano muy pesada. En lo que son peras o manzanas, les pueden aplicar la de Medina Mora. Congelar sus cuentas personales y de sus familias y amenazarlos con comenzar un proceso judicial con prisión preventiva.

Por tanto, el gobierno federal es el que lleva las de ganar frente a los priistas. Por eso no los ven como una verdadera amenaza opositora, como sí es el caso de panistas y emecistas. Saben que, a la hora de la hora, los priistas no comen lumbre y se alinearán a los intereses del gobierno de AMLO.

Habrá, creo, algunas excepciones. Por lo que se ve, los gobernadores de Coahuila (Miguel Ángel Riquelme) y de Sonora (Claudia Pavlovich) sí están dispuestos a dar la lucha como opositores. Otros, como los de Guerrero (Héctor Astudillo) y Oaxaca (Alejandro Murat) ya entregaron la plaza y están jugando muy cerquita de AMLO.

En este sentido, parece que el PRI llegará dividido a las elecciones de 2021 y así le irá. Seguirá cayéndose a pedazos. Acabará convertido en un partidito parecido al Verde: medrando de las migajas que le aviente el partido dominante por apoyarlo. La verdad es que se lo merecen por haber cometido tantos actos de corrupción con toda impunidad. Y los decentes de ese partido, que los había, por haber cerrado los ojos y tolerado tanta robadera.


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