La Venus de los perversos. Capítulo X


III Epístola a Ubaldo

| Magda Bello. Premio Internacional de Poesía Rubén Darío 2018 | Desde Líderes Políticos
La Venus de los perversos. Capítulo X

Literatura

Noviembre 09, 2020 11:44 hrs.
Literatura Internacional › México
Magda Bello. Premio Internacional de Poesía Rubén Darío 2018 › Líderes Políticos

LA VENUS DE LOS PERVERSOS CAPÍTULO X

III Epístola a Ubaldo

’Lucca mensajero de la palabra dada mediante revelación divina.

Ubaldo hermano en la fe. Doy gracias a Dios que siempre me acuerdo de ti.

Llegaré pronto a visitarte, quizá un poco antes que tú vengas a nosotros.

Estamos esparcidos, la persecución acrecienta, nos espera la hoguera.

La peste se ha llevado a nuestros hermanos, por lo que a mi carne concierne, una leve inflamación en los huesos. Te encomiendo la distribución masiva de las reformas husitas. Salúdame a nuestro amigo Atilio dile que mi mayor anhelo es que encuentre la paz que solo el hijo del altísimo puede dar.

Que la gracia de Nuestro Señor Jesús haga crecer vuestra fe hasta el día de su venida.
Lucca.

Terminé de leer en alta voz la carta enviada por Lucca. Atilio se exasperó, confrontándome con vanos argumentos.

- ¡Eres discrepante seguidor de herejes, sedicioso de la iglesia! Huss y Wiclef merecían la hoguera.

- ¡Calla Atilio no sabes lo que dices, hablas al peso de tu lengua! emanas estiércol en tus palabras. Wiclef preparó sus críticas radicales a la institución eclesiástica con el fin de aplacar el tributo que el rey de Inglaterra como feudatario de la Santa Sede debía dar a ésta. Declarando contra los censos, los tributos que exigían la curia papal. Y como clérigo peculiar del rey, en su defensa oficial de los derechos reales contra las reclamaciones del papa Gregorio XI. Impidió en varias ocasiones ser procesado por sus manuscritos, los cuales he leído detenidamente el ’De dominio divino y De civil dominio y De officio regis, ’De veritate Sacre Scripture’ y ’De Ecclesia’. Estos plantean una doble exigencia a la Iglesia, ¿predicar el abandono de las riquezas y la renuncia de las pretensiones temporales a favor de una Iglesia espiritual, conformada por los predestinados cuya autoridad suprema fuese la Sagrada Escritura, es herejía? - Atilio me miraba espantado por mi vasto conocimiento teológico.

- Wiclef fue llamado por el obispo de Londres, Guillermo Courtenay, para que expusiera su doctrina. El interrogatorio terminó cuando Juan de Gante que lo había acompañado se encontró en medio de una riña con el obispo.

Eso originó que el papa Gregorio XI publicara numerosas bulas acusando a Wyclef de herejía.

-¿Dime qué gana el pueblo con los escritos de estos herejes? - Exclamó Atilio con amargura en su rostro, albergaba en su alma resentimientos de antaño. De inmediato, objeté:

-Wiclef se reunió con sus amigos de Oxford empezaron a traducir la Vulgata al inglés, desafiando la prohibición de la Iglesia por ello fue calificado de «anticristo» por el propio pontífice romano, no quieren que tengamos acceso a la misma. Wiclef sufrió un ataque apopléjico que lo dejó parcialmente incapacitado. Dos años más tarde un segundo ataque lo dejó paralizado y sin habla. Murió unos cuantos días después, fue enterrado en el patio de la iglesia de Lutterworth, donde sus restos permanecieron sin ser tocados por más de 40 años hasta que el Concilio de Constanza declara a Juan Wiclef culpable de herejía y ordenó la infame quema de sus libros, así como la exhumación de su cuerpo y la carbonización de sus huesos. Él construyó un camino donde establece que Dios es el único que posee el dominio y está en todas partes, lo cual es fomentado por la debilidad y el pecado del hombre, cosa que no ocurre en la sociedad perfecta e ideal. En ella, no se necesita de curas ni sacerdotes, pues según él, Dios no precisa de delegados ni intermediarios.
- ¡Basta ya Ubaldo! ¿Acaso has cambiado el pincel por una lerda doctrina? Quizá erré por ignorancia y sé que tienes razón, pero morir por una idea no lo concibo, lo racional seria vivir para sustentar la doctrina, ¿no lo crees hermano?

- Atilio, los artistas somos seres pensantes usamos nuestro arte para inquirir, debatir o refutar la causa de los más débiles, hoy otros que solo piensan en el pan o el vino. No podré callarme ante tal hecho vergonzoso, detrás de aquel hombre estaban muchos esperando escena en el anfiteatro romano.

Le precedió con estas ideas Juan Huss con la diferencia que, a éste, lo quemaron en la hoguera, provenía de una familia de campesinos pobres del suroeste de Bohemia. Sin embargo, con dificultades consiguió estudiar Teología y Artes en la Universidad de Praga hasta ordenarse sacerdote. Dos años después fue nombrado rector de dicha Universidad, apoyado por los checos frente a la dominación germánica.

Bajo la influencia del que tú dices hereje el inglés Juan Wiclef, Huss empezó a predicar contra la excesiva riqueza de la Iglesia y la inmoralidad del clero, reclamando la vuelta a la pureza del mensaje evangélico, la predicación en la lengua checa que podía entender el pueblo y la comunión bajo las dos especies. Su influencia se vio acrecentada por la crisis en que tiene sumida la Iglesia de Roma por el Cisma de Occidente, así como por la reacción nacionalista checa contra la minoría alemana. Huss fue excomulgado por el papa, pero continuó su campaña, publicó sus tesis en su libro principal ’De Ecclesia’. Fue llamado a justificarse al Concilio de Constanza, adonde acudió con un salvoconducto del emperador Segismundo; una vez allí, se negó a retractarse de sus ideas y fue quemado en la hoguera por orden del mismo emperador. El nuevo papa, Martín V, condenó la doctrina husita en su bula Inter Cunctas. Pero la muerte de Huss lo ha convertido en un héroe nacional para los checos; cuando Segismundo intentó proclamarse rey de Bohemia, estalló la revuelta de los husitas que controlaron la mayor parte del país, realizaron incursiones hasta Núremberg, Sajonia, Brandenburgo, Danzig y el norte de Austria.

- Estás peligrando Ubaldo, estos herejes te han convencido, los ingleses te han influenciado con sus ideas descabelladas, te aconsejo que te abandones al pecado de la carne, ahí hay más disfrute que en las ardientes llamas de la hoguera.

- Atilio, quizá no tengo capacidad para enfrentarme al clero, soy el más grande pecador, confieso que he caído en fornicaciones por la debilidad de mi carne y en mis oraciones pido por el perdón de lo alto.

Atilio ya cansado procuraba despistar nuestra conversación…

- A propósito de ideas y casacas, madame Bridgette ha preguntado por ti.

- No me interesan sus banalidades, prefiero dedicarme a la pintura creando mi propio mundo, no quiero ser partícipe de tus fechorías, desde la muerte de mi madre he estado solo.

- ¿No procuras encontrar una mujer que acompañe tus desvaríos? – sonsacó Atilio

- Mi buen Atilio si fuesen desvaríos estaría acompañado ¿No crees? –

- Allá tú con tus aburridos sermones, mi único credo es proporcionarle disfrute a mi cuerpo ahora que estoy vigoroso, porque cuando esté viejo no podré complacer a las musas. Este débil miembro estaría cabizbajo con la vergüenza de la edad- respondió Atilio tocándose el falo, por cierto ¿Sabes cómo te ha llamado madame Bridgette? ’El pintor de San Marcos’ me ha caído en gracia su manera sarcástica de dirigirse a ti, espero no te moleste su infame arrogancia, cada vez se comporta como toda una desdeñosa dama francesa- Atilio lanzó una fastidiosa carcajada.

- No cambiarás amigo, cada vez te has vuelto charlatán, engendras palabrerías huecas.

Después de tanta querella con Atilio, como si fuese poco, esa misma noche tuve una terrible, vergonzosa y turbulenta pesadilla. Mi madre solía decir que los sueños eran enviados para advertirnos de posibles desgracias, desde entonces les guardo una horrible aversión. Cuando niño frecuentaba soñar con avalanchas en el mar, algunas veces me tragaban, en otros miles de espíritus me acosaban haciéndome huir por los extremos de la tierra; pero esta vez traspasó lo habitual, más que perturbador, anhelo más de algún José que interprete mi sueño como lo hizo al faraón, y tranquilice mi inquietante espíritu, aquel sueño me era imposible interpretarlo ’Vi a Atilio de pie en un palacio de cristal, con calles de marmolito, su talante desafiante, soportaba una espada en la mano y en su pecho izquierdo una herida mortal. Lo más terrible; yo sostenía una espada ensangrentada, no estaba seguro de haberle causado la herida, pero él agonizaba hasta desmayar, sin remordimiento ni pena me alejé de él. En el mismo sueño sostenía en mis manos un lienzo, siendo perseguido por unos lobos rapaces hasta el fin de mis días. Estoy asustado, mi amistad con Atilio es sincera como un hermano, que a pesar de nuestras divergencias religiosas no sería capaz de cortar ni una hebra de sus cabellos, estoy seguro que daría mi vida por él -.


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