La Venus de los perversos. Capítulo XIV


El Barón de Lión y el secreto del anciano de Nostradamus

| Magda Bello, Premio Internacional de Poesía Rubén Darío | Desde Líderes Políticos
La Venus de los perversos. Capítulo XIV

Cultura

Enero 25, 2021 14:23 hrs.
Cultura Internacional › México
Magda Bello, Premio Internacional de Poesía Rubén Darío › Líderes Políticos

La Venus de los perversos
CAPITULO XIV

EL BARÓN DE LIÓN Y EL SECRETO DEL ANCIANO DE NOSTRADAMUS

Por Magda Bello

Me senté a escuchar detenidamente al anciano, sustrajo de sus mangas largas una carta envuelta entre cintos y leyó en voz baja….

EPISTOLA IV
Por la gracia de Dios y su hijo Jesucristo he abrigado Veneto de manuscritos elaborados a mi pluma. En otro orden y cómo sabrás en mis cartas anteriores, hoy, se devela el desnudo de Madame Bridgette, pintado por nuestro buen amigo Atilio. No estoy convencido de asistir al festín, soy huidizo de reuniones banales, prefiero mi taller, aunque no quisiera frustrar los planes de tiempo, he decidido acompañarle esta noche. Me despido con ósculo santo.
Ubaldo.

Partimos en la oscuridad a través de la quietud del Adriático, la vieja barca heredada por padre nos llevó hacia la misteriosa isla Burano, la zozobra segregaba mis sentidos.
- Me rehúso a comer carne de cerdo.
- No comiences con tus cuentos, lo cierto es que la pasaremos bien.
- ¿Cuándo fue la última vez que estuviste con una mujer?
- ¿Qué tiene que ver con nuestro viaje? –
- Curiosidad, está puesta en tela de juicio, tu masculinidad, tan sólo ver tus hercúleos brazos, cutis heleno, aceitunado, atrae más varones que mujeres.
- Puras tonterías Atilio, no te niego que algunos hombres de la corte se han fijado en mí, y he huido de sus vulgares pretensiones, colmando tu tranquilidad, hace un par de semanas me junté con un artífice en la cama, hacia piruetas como un bufón, sus travesuras me agotaron, la polución rápida e insatisfecha.

(Mi paciencia se había agotado, no guardaba esperanza alguna en aquel anciano que pausadamente recapitulaba su vida. El mercante de arte ¿Me habría engañado? ¿Estaba frente al autor de la pintura? Casi puedo asegurar al ver sus pupilas dilatadas que pudiese padecer de alguna extraña demencia, no me incumbe su pasado, ni saber de ese festín, de una tal madame Bridgette, me iré apenas despunte el amanecer.

-Ten un poco de paciencia barón de Lyón, os veo meditabundo, quieres que este pobre anciano corra contigo, mis tiempos no son tus tiempos, y espera a que llegué ese momento, de revelar mis secretos –

Parecía que el anciano leyese mis pensamientos. Su irónica calma me hastiaba, no soportaba más ese encuentro, había viajado tantas leguas para conocer lo escondrijo de La Venus de los Perversos, mis obsesiones se han aliado contra mí, llevándome hasta las puertas de un testigo vivo. Tonto, creí que solo existían mis insomnitos recuerdos ¿Cuál ha sido el verdadero triunfo tras la conquista de mis tesoros? Vencer mis propios miedos, que la pobreza no atraviese mi camino, que él infortunio no toque mi puerta, ver a mi madre en su postrimería, atizando la chimenea, los leños de su propio hogar, no me place tropezar con el mercader de humanos, viendo a Charlotte con aquellas cadenas en su cuello, suerte la mía andar por el camino de los soberbios; sino moriría, me embelesé en sus calles lustrosas, donde mi ennegrecida piel brillaba con los diamantes, aprendí a hablar como ellos, estudiaba sus manías, irguiendo mi cuello sin tropezar en la calle, me enfrenté con los señores del clero, ante una mirada clarividente. Me he conducido por el camino de los perversos, imperiosos, altivos, los que trazan el fin de los hombres con pluma, sellándolo con sus anillos, liberando a los terribles lémures que espantan las casas de los bastardos y viudas. No incliné mi cérvix ante el Papa cuando descubrí sus larvas malignas proliferándose en nuestros ríos. El camino de los soberbios es más claro que un cristal e ilícito a los creyentes.

Antes que amaneciera, el 12 de diciembre me dispuse partir con un desasosiego en mi pecho, alisté mi caballo, el sol aún no despuntaba, me alcé por los caminos, contra vientos, ahuyentando las tinieblas con el agitar de una terrible depresión, no obstante el Château lo veía a los lejos, mi habitación no sería la misma, el mutismo en sus paredes estrambóticas, que nadie se atreviera a hacer frente a mi soledad, cerré la puerta; tan solo dejé entrar a los espíritus que acompañan a los hombres que no tienen más que pedirle a la vida. Dejé caer aquella capa negra, el relicario, el cinto de las oraciones, cerré de un tirón la puerta. Que no pregunten por mí, ni la sombra de mi criada me cubra, que en silencio me desnude. Hay dos seres en esta tierra que me conocen como la palma de su mano y como las llanuras de la Toscana, aquel anciano guardián de la casa del boticario Nostradamus y mi curiosa Charlotte. Con sus conocimientos matemáticos ella asegura que soy el número cinco, la acción, la inquietud. Símbolo de la libertad, la adaptabilidad, el espíritu viajero y aventurero, pero también de la inconsistencia y del abuso de los sentidos. Expansivo, sociable, de nuevas y visionarias ideas; de pensamientos vertiginosos, polifacético, curioso y explorador; ingenioso a la hora de utilizar la libertad de forma constructiva. También es el número de la fortuna, la magia y la aventura. Atraemos lo desconocido, lo insólito, lo obscuro. En el lado negativo, demasiada inquietud, a veces descontento e insatisfecho, tenso y en muchas ocasiones he tomado decisiones precipitadas a causa de mi impaciencia.

- Barón, barón, barón, ábrame la puerta, entre las gualdrapas de su jamelgo, el alistador encontró unos escritos, pareciese cartas. - gritaba Charlotte con voces de espanto.

- ¡Quemadlas! – vociferé

- No puedo hacer tal cosa mi señor, es preferible que usted lo haga, aunque a mí parecer son manuscritos de gran valor.
Abrí la puerta, esperaba no fuese una de sus patrañas, por sacarme del escondite, como siempre Charlotte dominaba mis emociones. Pero cuando me entregó aquellos pliegos un escalofrío se apoderó de mí, dejándome mudo. Me senté en el sillón de lecturas escudriñando las extensivas cartas, página por página…


Derechos Reservados

Por: 𝗠𝗮𝗴𝗱𝗮 𝗕𝗲𝗹𝗹𝗼, escritora y poeta nicaragüense, premio internacional de poesía Rubén Darío 2018

©® 𝗗𝗲𝗿𝗲𝗰𝗵𝗼𝘀 𝗥𝗲𝘀𝗲𝗿𝘃𝗮𝗱𝗼𝘀
Queda prohibida su reproducción parcial y/o total de esta obra.
𝗗𝗲𝗿𝗲𝗰𝗵𝗼𝘀 𝗥𝗲𝘀𝗲𝗿𝘃𝗮𝗱𝗼𝘀 por su autor 𝗠𝗮𝗴𝗱𝗮 𝗕𝗲𝗹𝗹𝗼 y Revista Líderes Políticos.

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