Por: Nayheli García | guerrerohabla.com

Mexicanos maltratan a sus adultos mayores… y además los discriminan



*Los jóvenes de ahora serán los viejos del futuro: ¿qué vejez les espera en México?

Mexicanos maltratan a sus adultos mayores… y además los discriminan

Junio 06, 2018 11:46 hrs.
Derechos Humanos Internacional › México
Por: Nayheli García › guerrerohabla.com


CDMX, MÉXICO / JUNIO 6, 2018
No es raro en México ver a personas de la tercera edad en empleos irregulares, también es común verlas pidiendo limosna en las calles y no es raro escuchar noticias sobre cómo hay ancianos que sufren maltratos por sus hijos… ¿qué ha hecho y qué hace México por aquellos mexicanos que pasaron toda su vida trabajando y contribuyendo a esta sociedad?, ¿Qué hacemos con aquellos que tienen más experiencia en el país?

En México fue a partir de los años 1930 que la población adulta creció. Los factores más importantes para que eso ocurriera fueron el alargamiento de la esperanza de vida y el éxito de los programas de control de fertilidad. Gracias a la disminución de los índices de mortalidad y de natalidad, la población vieja va en aumento. En promedio, hoy los hombres y las mujeres pueden vivir 40 años más que a principios del siglo XX. La esperanza de vida actual de las mujeres es de 77.5 años y la de los hombres, de 72.1.

En 1970 la mitad de la población mexicana era menor de veinte años. En 2014, 6 de cada 10 personas tenían entre 15 y 59 años. Se estima que para el año 2050, el 20% de la población será mayor de 60 años. ¿Qué significa eso para el bienestar del país?

El envejecimiento conjunto de la población representa un reto importante tanto para la sociedad civil como para las políticas públicas. Junto con el aumento de la esperanza de vida, crecen también las complicaciones y enfermedades propias de una edad avanzada. En México, este problema es especialmente importante para las poblaciones de menos de 2 mil 500 habitantes, consideradas rurales por el Estado, debido a que se trata de regiones con condiciones materiales precarias y servicios de salud escasos.
Las personas de edad avanzada no sólo tienen derecho a vivir de forma saludable, sino también a ser autónomos, independientes y a participar de forma activa en la sociedad. La ONU estableció desde el año 2001 una serie de recomendaciones a los Estados Miembros para lograr satisfacer las necesidades de esta población.

La ONU recomienda que es importante que las personas de edad cuenten con la suficiente independencia sobre cómo y dónde vivir; participen activamente en la sociedad; puedan recibir los cuidados y la protección de sus familias y la comunidad; tengan acceso a recursos educativos, culturales y recreativos que les permitan su autorrealización y así poder enfrentar con dignidad los últimos años de vida.

Aparentemente, las personas mayores se convierten en sujetos inactivos económicamente y, por lo tanto, son una carga para la sociedad en edad productiva; sin embargo desde hace algunos años esto es falso. Muchas personas mayores de 65 años se mantienen activas dentro de la economía de su comunidad. Desde luego, las condiciones de trabajo para esta población deben ser de menor duración y carga, debido a que las personas mayores se cansan más rápido por problemas de salud específicos o por la naturaleza del envejecimiento. De acuerdo con The Economist, la sociedad actual debe entender que existe una nueva etapa intermedia entre la edad en la que se trabaja de tiempo completo y la vejez para integrarla al desarrollo económico de las distintas comunidades.

La discriminación de las personas mayores de 65 años es un problema real en México y en otros países del mundo. El etarismo tiene que ver con la creencia falsa de que los ancianos son una carga para su familia y para la sociedad. Los ancianos son personas que tuvieron una participación activa en el desarrollo de la comunidad que habitan y merecen un trato acorde a sus condiciones. La escasez de oportunidades laborales y de programas de salud pública son la verdadera carga y la raíz del problema.

Muchas personas mayores de 65 años dependen de ingresos inestables que reciben de empleos informales, precarios o mal pagados. Eso provoca que sean personas dependientes económicamente de su entorno. En muchos ambientes laborales, se considera que las personas mayores son incapaces o inútiles. Esto es falso y discriminatorio.

Detrás de estos prejuicios hay una infraestructura que no considera las necesidades de este grupo poblacional. Un ejemplo de ello es la deficiente oferta de movilidad para las personas mayores. El acceso a muchos lugares públicos (desde estaciones de metro hasta el diseño de algunas banquetas) no toma en cuenta las limitaciones físicas que puede tener alguien de edad avanzada.

De acuerdo con la Encuesta Nacional sobre Discriminación 2010, los tres problemas más graves que resultan de la discriminación contra personas mayores son dependencia económica, mala atención médica y pocas oportunidades laborales. Los programas públicos de apoyo enfocado a este sector son insuficientes. Por ejemplo, las personas inscritas en el Programa Pensión para Adultos Mayores reciben mil 60 pesos cada dos meses.


Además de que ese monto no es suficiente para cubrir las necesidades básicas de una persona, el Programa deja fuera a todos aquellos que reciban una pensión laboral superior a mil 92 pesos mensuales. Asimismo, quedan excluidos quienes no puedan presentar documentos de identidad (credencial para votar, CURP, pasaporte, etc.) Ambos requisitos son absurdos al grado de la ridiculez. Por un lado, nadie vive de forma digna con mil 92 pesos al mes; por otro, quien logre sobrevivir con esa cantidad estaría en condiciones muy precarias y, probablemente, conseguir alguno de los documentos de identidad quedaría fuera de su alcance.

Si las proyecciones demográficas se cumplen, dentro de pocos años la población mayor será más numerosa. Por ese motivo es urgente atender los problemas de desempleo, salud y accesibilidad en espacios públicos para mejorar la calidad de vida de las personas mayores. En la Encuesta Nacional de Envejecimiento 2015, quedó registrado que el 82% de los entrevistados siente que su situación económica perjudica su experiencia diaria; mientras que sólo el 16% señaló el deterioro mental como un factor relevante.

El 70% de las personas jubiladas quisiera seguir trabajando después de su retiro formal; sin embargo el límite de contratación de las empresas suele oscilar entre los 40 y los 45 años de edad. Una vía para resolver la cuestión, sería regular legalmente el trato que merecen las personas mayores. Para el 2012, sólo los estados de Baja California Sur, Chihuahua, Coahuila, Durango, Distrito Federal, Morelos, Querétaro, Quintana Roo, San Luis Potosí, Tamaulipas y Zacatecas contaban con una ley específica para la atención de las personas adultas mayores.

Una de las características de la discriminación es que actúa como un ciclo: las personas mayores reciben un trato violento (por ejemplo, son excluidas de actividades remuneradas o no reciben la atención médica adecuada) y se vuelven dependientes de sus seres cercanos, lo que refuerza las falsas creencias en torno a su incapacidad para valerse por sí mismos. Es urgente modificar nuestra percepción de este grupo vulnerable porque la vejez es parte del desarrollo vital de los seres humanos. Los jóvenes de hoy serán los viejos de mañana y, a diferencia del momento actual, el número de personas mayores será mayor en proporción a la gente joven. ¿Qué pasará cuando los jóvenes de ahora sean considerados una enorme carga?, ¿Cómo garantizará el Estado una vejez digna?, ¿se aprovechó el boom demográfico actual (en este momento la cantidad de jóvenes es mucho mayor que la de viejos)? Parece que esta generación sufrirá en su vejez de los errores que se están cometiendo ahora mismo y, mientras tanto, ¿cómo está tratando la juventud actual a los viejos de hoy?

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