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Neoliberales y el doble discurso en torno de Biden y el petróleo

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Neoliberales y el doble discurso
en torno de Biden y el petróleo

Política

Noviembre 08, 2020 20:40 hrs.
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Por Jesús Delgado Guerrero

En los últimos años Estados Unidos se puso al frente de la lista de los países productores de petróleo en el mundo. Terminó 2019 con 12,232 millones de barriles diarios, por delante de Rusia (10,847) y Arabia Saudita (9,826), así como de Irak, Canadá y China.
Lo logró gracias al uso de la tecnología del ’fracking’, una de las más contaminantes de los acuíferos que implica un gran derroche de agua pues se inyecta a gran presión para fracturar rocas y así extraer el crudo y el gas. El proceso permite a las petroleras abaratar costos y, por supuesto, obtener más ganancias.
También, Estados Unidos está al frente de la relación de naciones con mayor producción de gas, con cerca del 22 por ciento de la producción mundial. Es, desde luego, el principal exportador de crudo y también el número uno en consumo de derivados del petróleo (gasolinas y aceites para vehículos y aviones, etc.), así como de gas.
Como es de suponer, la principal empresa petrolera y de combustibles del mundo es Exxon Mobil (sí, de Estados Unidos,) y Chevron figura en cuarto puesto (también de ese país). Segunda es la holandesa Royal Dutch Shell y tercera Petrochina Co. Cinco firmas estadounidenses están entre las primeras 20.
Cito esto frente al discurso presuntamente entusiasta de los neoliberales domésticos que, de doble moral, engañoso y convenenciero, se volcó por el triunfo del demócrata Joe Biden sobre el ’bocazas’ republicano Donald Trump (un personaje impresentable, racista y fascista, sin duda), esperando que el primero, una vez instalado en el poder, haga efectiva su promesa de impulsar las energías limpias para que Estados Unidos alcance emisiones netas de cero en el 2050.
Con ello, suponen los neoliberales, el nuevo mandatario estadounidense va a forzar a México a modificar su estrategia energética para que abandone sus ’proyectos desastrosos’ de rescatar a Pemex y a la CFE, desistiendo de presuntas ’locuras’ como la edificación de la refinería de Dos Bocas y otras.
Primero, hay que observar que para que se alcancen las metas propuestas por Biden faltan algo así como 30 años y, en el mejor de los casos, él gobernará ocho años.
Y no se ve muy probable que Estados Unidos quiera dejar en manos de sus ’adversarios’ (Rusia y China) la hegemonía de un sector que tanto trabajo le ha costado recuperar (además, siguen las pesadillas de la crisis petrolera de 1973 que lo puso contra las cuerdas frente a los países de Oriente).
También, sería de una audacia increíble que Biden se pusiera la pistola en la cabeza y forzara a las empresas de su país a capitular del liderazgo mundial, aunque es cierto que hay que descarbonizar al mundo y avanzar en los compromisos del Acuerdo de París para revertir el cambio climático.
En esas condiciones, no es que nuestros fanáticos neoliberales sean muy ’demócratas’, tanto por Biden como por convicciones, ni que estén preocupados por el medio ambiente. En los hechos, no sólo han resultados tóxicos con sus creencias en términos financieros, económicos y políticos, sino que sus programas para evitar la contaminación los ubican incluso como malas caricaturas de organizaciones políticas locales, que no han sido otra cosa que negocios familiares.
Lo que en realidad les preocupa es que no se consume el asalto a la ’joya de la corona’ luego de la ’reforma energética’ que, con todo y ’sobornos’, se aprobó durante el sexenio de Enrique Peña Nieto.
Si por algo estuvo apostando la élite neoliberal que gobernó a nuestro país desde 1982 al 2018, fue justo la privatización de la industria energética, principalmente la petrolera.
Esa ’sobornada reforma’, votada en su momento por varios que ahora forman parte de las filas de morena, allanó el camino para que Petróleos Mexicanos y la Comisión Federal de Electricidad (Pemex y CFE), quedaran al alcance de la depredación pues, fieles a su dogma, los gobiernos neoliberales se encargaron de hundir al sector, desmantelándolo y endeudándolo en forma intencionada e irresponsable para luego tener ’justificantes’ del abordaje privado, es decir, su ’privatización’. Por eso la ’reforma energética’. La ’chatarrización’ de Pemex y su posterior venta a precio de tianguis estaba, pues, a punto.
Pero algo salió muy mal en el camino y las cosas se torcieron para sus fines: el triunfo de Andrés Manuel López Obrador en las elecciones del 2018 y después la firma del T-Mex con el gobierno de Donald Trump, lo que supuso algún freno a la avaricia y cierta soberanía sobre la política energética del gobierno de la autodenominada ’Cuarta Transformación’.
La apuesta neoliberal por Biden no es por demócrata ni por sus promesas de ’energías limpias’ ni por todo lo demás. Es para ver si les hace el milagro de consumar el asalto, por eso su entusiasmo por los resultados electorales en Estados Unidos, respaldada por la sistemática insistencia desde el FMI, el BM, la OCDE, agencias calificadoras, organismos empresariales y otros frentes (incluidos voceros y partidos políticos) de descalificar cualquier intento desgobierno de resucitar a Pemex y la CFE, ’sugiriendo’ optar por la inversión privada.
¿Ecologistas?, ¿ambientalistas?, ¿demócratas?… !baahh!


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