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No tengáis miedo



No temáis… Dios intentaba hacer bien

No tengáis miedo

Julio 09, 2021 21:31 hrs.
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La Palabra de Dios

Sábado 10 julio 2021


Lectura I
Gn 49,29-32; 50,15-26a
En aquellos días, Jacob llamó a sus hijos y les dio estas instrucciones: ’Yo voy a reunirme con los míos. Sepúltenme junto a mis padres, en la cueva del campo de Makpelá, frente a Mambré, en Canaán. Es el campo que Abraham le compró a Efrón, el hitita, para que lo enterraran. Ahí sepultaron a Abraham y a su esposa Sara, a Isaac y a su esposa Rebeca, y ahí sepulté yo a Lía’. Cuando terminó de dar este encargo a sus hijos, Jacob expiró y fue a reunirse con los suyos.

Los hermanos de José, al ver que había muerto su padre, dijeron: ’A ver si José no nos guarda rencor y no nos hace pagar todo el daño que le hicimos’. Por eso le mandaron este recado: ’Antes de morir, tu padre nos encargó que te dijéramos esto: ‘Perdona, por favor, a tus hermanos su crimen, su pecado y el daño que te hicieron’. También nosotros, siervos del Dios de tu padre, te pedimos que nos perdones’. Cuando José oyó el recado se puso a llorar.

Fueron después sus hermanos personalmente a verlo y, postrados ante él, le dijeron: ’Aquí nos tienes. Somos esclavos tuyos’. José les replicó: ’No tengan miedo. ¿Podemos acaso oponernos a los designios de Dios? Ustedes quisieron hacerme daño, pero Dios lo convirtió en un bien para hacer sobrevivir a un pueblo numeroso, como pueden ver. Así que no tengan miedo; yo los mantendré a ustedes y a sus pequeñuelos’. Y los consoló y les habló con mucho cariño.

José permaneció en Egipto junto con la familia de su padre y vivió hasta los ciento diez años; vio a los bisnietos de Efraín y en sus brazos nacieron los hijos de Makir, hijo de Manasés. Finalmente José les dijo a sus hermanos: ’Yo voy a morir ya, pero ciertamente Dios cuidará de ustedes y los hará salir de este país a la tierra que juró dar a Abraham, a Isaac y a Jacob’. José los hizo jurar diciendo: ’Cuando Dios los haga salir de esta tierra, se llevarán mis huesos de aquí’. Y luego murió José.
Palabra de Dios
Te alabamos, Señor

Salmo Responsorial
Del Salmo 104
R. (cf Sal 68,33) Cantemos la grandeza del Señor.
Aclamen al Señor y denle gracias,
relaten sus prodigios a los pueblos.
Entonen en su honor himnos y cantos
celebren sus portentos.
R. Cantemos la grandeza del Señor.
Del nombre del Señor enorgullézcanse,
y siéntase feliz el que lo busca.
Recurran al Señor y a su poder,
y a su presencia acudan.
R. Cantemos la grandeza del Señor.
Descendientes de Abraham, su servidor;
estirpe de Jacob, su predilecto,
escuchen: el Señor es nuestro Dios
y gobiernan la tierra sus decretos.
R. Cantemos la grandeza del Señor.

Aclamación antes del Evangelio
1 Pedro 4:14
R. Aleluya, aleluya.
Dichosos ustedes, si los injurian por ser cristianos;
porque el Espíritu de Dios descansa en ustedes.
R. Aleluya.

Evangelio
Mt 10,24-33
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus apóstoles: ’El discípulo no es más que el maestro, ni el criado más que su señor. Le basta al discípulo ser como su maestro y al criado ser como su señor. Si al señor de la casa lo han llamado Satanás, ¡qué no dirán de sus servidores!

No teman a los hombres. No hay nada oculto que no llegue a descubrirse; no hay nada secreto que no llegue a saberse. Lo que les digo de noche, repítanlo en pleno día y lo que les digo al oído, pregónenlo desde las azoteas.

No tengan miedo a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma. Teman, más bien, a quien puede arrojar al lugar de castigo el alma y el cuerpo.

¿No es verdad que se venden dos pajarillos por una moneda? Sin embargo, ni uno solo de ellos cae por tierra si no lo permite el Padre. En cuanto a ustedes, hasta los cabellos de su cabeza están contados. Por lo tanto, no tengan miedo, porque ustedes valen mucho más que todos los pájaros del mundo.

A quien me reconozca delante de los hombres, yo también lo reconoceré ante mi Padre, que está en los cielos; pero al que me niegue delante de los hombres, yo también lo negaré ante mi Padre, que está en los cielos’’.
Palabra del Señor
Gloria a ti, Señor Jesús

Reflexión del Evangelio de hoy
No temáis… Dios intentaba hacer bien
En este texto del Génesis nos encontramos con el final del relato de la historia de José, en el que se nos cuenta la muerte de Jacob, la nueva petición de perdón de sus hermanos, y la respuesta de José, que ve en su existencia la providencia de Dios que le ha ido conduciendo toda la vida para conseguir un bien para él y su familia.

Así, se contraponen el miedo de los hermanos a la posible represalia de José respecto a ellos después de la muerte de su padre y la reacción de José en la que se confirma el perdón, junto a la conciencia de que, aun siendo un hombre poderoso, nunca podría sustituir a Dios, el único a quien pertenecen el juicio y la vida. José les perdona y proclama que sólo a Dios corresponde castigar (¿Soy yo acaso Dios?). Dios ha hecho que la mala acción de ellos se convirtiera en instrumento de su providencia, para ayudarlos en estos momentos críticos.

La historia de José enseña que la Providencia interviene en los proyectos de los hombres y sabe cambiar en bien sus malas acciones. No solo se salva José, sino que el pecado de los hermanos se convierte en instrumento del plan de Dios: la llegada de los hijos de Jacob a Egipto prepara el nacimiento del pueblo elegido.

No tengáis miedo
Hoy en el evangelio de Mateo, por tres veces nos exhorta el Señor a no tener miedo. Es una llamada a no desanimarnos y mostrar valor y confianza en los momentos difíciles.

Es una invitación a no tener miedo a decir la verdad, tan ausente hoy de la vida social, cuando los medios de comunicación muchas veces hacen aparecer la verdad como mentira y la mentira como verdad. Una invitación a superar el miedo que surge de la impresión de que las instituciones sociales, económicas y políticas no son capaces de resolver los problemas actuales.

El que ha conocido a Jesús recibe la fuerza necesaria para no agobiarse pensando que los problemas no tienen solución. Dios, que es providente, cuida de sus discípulos.

La fe es fuerza contra el miedo y osadía para seguir creyendo en el futuro del hombre desde una confianza ilimitada en Dios, Padre de todos.

A lo único que han de temer los discípulos es que el miedo al sufrimiento los lleve a esconder o a negar la verdad, y así les haga ofender a Dios. Porque quien se aleja de Dios, se pierde por siempre.

Sor Cristina Tobaruela O. P.
Monasterio de las Dueñas (Salamanca)

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