EN LAS NUBES

Para no olvidarnos del siglo pasado

Carlos Ravelo Galindo

Para no olvidarnos del siglo pasado

Política

Junio 30, 2020 22:24 hrs.
Política Nacional › México Ciudad de México
Carlos Ravelo Galindo › Club Primera Plana

Nada de política aberrante.
Nos referimos a los sismos sentidos desde el Siglo pasado.
Súmalos, como ejercicio mental.
Empecemos con el del 27 de julio de 1957. Magnitud 7,7 con epicentro en sureste de Acapulco (sur).
Provocó la caída del Ángel de la Independencia de Ciudad de México.
Se sintió en el centro del país y de manera puntual en la capital y ocasionó 700 muertos y 2 mil 500 heridos.
19 de septiembre 1985. Magnitud 8,1 con epicentro en las costas de Michoacán (oeste).
Provocó la destrucción de un tercio de los edificios de la Ciudad de México y dejó más de 20 mil fallecidos.
9 de octubre 1995. Magnitud 7,5 con epicentro en los estados de Colima y Jalisco. 61 muertos.
15 de junio 1999. Magnitud 6,7 con epicentro en las costas del Pacífico.
18 muertos, más de 200 heridos y 16 mil damnificados.
30 de septiembre 1999. Magnitud 7,4 Richter con epicentro en Oaxaca (sur).
39 muertos, 50 heridos y 250 mil damnificados.
21 de enero 2003. Magnitud 7,6 Richter con epicentro en el estado de Colima (oeste).
30 muertos, 400 heridos y 30 mil damnificados.
4 de abril de 2010. Magnitud 7,2 con epicentro al suroeste de la ciudad de Guadalupe Victoria a 60 kilómetros al sur-sureste de la ciudad de Mexicali, Baja California.
El sismo provocó la ruptura de una falla con 120 kilómetros de longitud en dirección a la ciudad fronteriza. Se reportaron cuatro decesos ni personas heridas.
20 de marzo de 2012. Magnitud de 7,5 con epicentro en Ometepec, Guerrero (sur).
Es el sismo con más réplicas en la historia de México al registrar 44 sismos de magnitud superior a 4,5 tras un mes de su ruptura.
18 de abril de 2014. Magnitud 7,2 con epicentro al sur de Petatlán, Guerrero.
El sismo ocurrió al norte de la región sísmica conocida como Brecha de Guerrero.
Ocasionó daños en edificios y caídas de bardas, en la capital mexicana y graves daños en casas y edificios públicos en Guerrero.
7 de julio de 2014. Magnitud 7,1 con epicentro al suroeste de Tapachula, Chiapas.
El movimiento dejó dos muertos y 37 lesionadas, además de daños parciales o totales en casi tres mil viviendas y otros inmuebles en 17 municipios del estado de Chiapas.
7 de septiembre 2017. Magnitud de 8,2 con epicentro en el Istmo de Tehuantepec (Oaxaca).
Se sintió en los estados de Oaxaca, Chiapas, Tabasco Veracruz y Ciudad de México y dejó como saldo 98 muertos y daños materiales.
19 de septiembre 2017. Magnitud 7,1 con epicentro en los límites de los estados de Morelos y Puebla. 319 víctimas mortales, 181 de ellas en Ciudad de México hasta el momento.
23 de septiembre 2017. Magnitud 6,1 con epicentro en Unión Hidalgo (Oaxaca).
Cuatro muertos, dos en Ciudad de México.
16 de febrero de 2018. Magnitud 7,2 con epicentro al sur de Pinotepa Nacional en Oaxaca.
Se reportaron caída de bardas en Ciudad de México y daños importantes en Pinotepa Nacional.
23 de junio de 2020. Magnitud 7,5 con epicentro en la localidad de Crucecita (Oaxaca).
El sismo fue de larga duración y se sintió en varios puntos del país, con activación de alarmas en la Ciudad de México.
Se reportan cinco fallecidos por el momento.
Si preguntas cuántos fueron y cuántas víctimas, relee el texto.
No sería mala idea incluir en las escuelas estos eficientes datos que nos proporciona la agencia EFE.

Y una reflexión escrita por Juan Antonio Aspiros el 19 de septiembre de 2017.
Si la memoria no falla, hace décadas los científicos declararon que nuestro planeta es un ser vivo.
Quién podría dudar de ello cuando los terremotos y huracanes parecen ser los estornudos y brincos del mundo, que tantas muertes y daños han dejado en México, Estados Unidos y el Caribe en estos días. Quienes vivimos lejos del sureste sólo nos enteramos por las noticias de la actual tragedia de nuestros connacionales, pero recordamos que fue en otro septiembre, el de 1985, cuando el sur y centro del país padecieron algo semejante.
Aquel terremoto del 19 de septiembre y su réplica del día 20 marcaron de tal manera a este tecleador, que por años le fue imposible la lectura de alguno de los pocos libros publicados sobre el tema, entre ellos los de Cristina Pacheco y Carlos Monsiváis.
Ahora es otro periodista, José Luis Martínez S., quien vuelve a tocar el tema en su libro El día que cambió la noche (Grijalbo, 2016), por fortuna con un tratamiento menos traumático y en cambio muy nostálgico.
’El 19 de septiembre de 1985 la noche de la Ciudad de México cambió súbitamente; en su lugar quedaron los recuerdos, la nostalgia…’.
Y para ilustrar su afirmación nos lleva a recorrer los cabarés, bares y teatros que dejaron de existir o decayeron a partir de entonces, muchos de los cuales conoció este tecleador también como reportero, pero la mayoría de las veces como un parroquiano más.
Ya lo dice el autor, ’la ciudad estaba llena de música’. Cómo no recordar el Capri, El Patio, el Social, La Cueva de Amparo Montes, el Blanquita, el Tívoli, El Club de los Artistas y tantos otros, incluidos los bares donde había grupos de rock.
Martínez, autor de la columna y libro homónimo El santo oficio, menciona de principio a fin que trabajó en la revista Su otro yo -de las llamadas en su tiempo ’para caballeros’- y el aprendizaje que tuvo al lado de su director Vicente Ortega Colunga, con quien por las noches iba a beber a todos esos sitios, donde buscaban vedettes famosas para ilustrar las páginas de su publicación.
Nada más, preguntaron. Quedó sin respuesta.
Con todo y la expresión de seriedad que le vemos en la televisión, él fue ’un noctámbulo en la Ciudad de México’ según se lee en el subtítulo del libro por cuyas páginas transcurren sus experiencias en los centros nocturnos que había sobre la avenida Juárez -que nada tenía que ver con la actual salvo la Alameda y el hemiciclo a Don Benito- y por otros rumbos de la ciudad.
Aporta datos como que antes del sismo había unas 400 fuentes de trabajo para los músicos que alegraban las noches metropolitanas, mientras que en 2015 no quedaban más de 50.
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