Opinión

Que era y cómo terminó el retorno a la normalidad durante los 1920s

Rodolfo Villarreal Ríos

Que era y cómo terminó el retorno a la normalidad durante los 1920s

Periodismo

Mayo 15, 2020 22:43 hrs.
Periodismo Nacional › México Coahuila
Rodolfo Villarreal Ríos › guerrerohabla.com


Al parecer, la historia no deja de embarcarse en requiebros circulares y hoy, como hace un siglo, algunos andan enfrascados en instrumentar lo que llaman una ’nueva normalidad,’ frase que irremediablemente hace recordar, a quienes nos da por estudiar el período de los 1920s, lo acontecido en los Estados Unidos de América en donde entonces invocaban ’el retorno a la normalidad.’ A primera vista el tema pudiera parecernos lejano, pero tal vez no lo sea tanto. Sin embargo, es usted, lector amable quien tiene la decisión final.
Terminaban ocho años de gobierno de Thomas Woodrow Wilson. Su presidencia estuvo llena de reformas progresistas que incomodaron a muchos. Involucró a su país en la Primera Guerra Mundial, mediante la cual lo convirtió en una potencia. A la vez, le dejaría legados que le saldrían muy caros a la humanidad. Mediante los Tratados de Versalles fecundó el huevo de la serpiente cuyo engendro nacería trece años más tarde. Pero eso sería después, en lo inmediato Wilson trató de meter a su país en una camisa de fuerza vía la incorporación a la Liga de las Naciones a lo cual se opusieron los miembros del Partido Republicano encabezados por del senador de Massachussets, Henry Cabot Lodge. Como resultado, la salud de Wilson se deterioró cuando ya se movían las piezas de su sucesión. En ese contexto, los Republicanos procedieron a escoger su candidato presidencial.
Uno de los contendientes era el senador por Ohio y antiguo editor del ’Marion Star’, Warren Gamaliel Harding. Este personaje involucrado ya en la carrera en pos de la nominación republicana, pronunció un discurso, el 14 de mayo de 1920, en el ’Home Market Club of Boston. ’ En dicha pieza, mencionó estar confiado en que su país, después de una década, en la cual estuvo sujeto a políticas progresistas e inmerso en intervenciones en el exterior, retornaría a la normalidad. Esto último habría de ser el slogan que, meses más tarde, Harding utilizaría durante su campaña como candidato, por el Partido Republicano, a la presidencia de dicho país. Pero en ese momento, aun cuando apenas era un aspirante a la candidatura, sus palabras eran las de alguien quien ya quería lucir como tal.
En el discurso enfatizaba que ’nada le pasa a la civilización mundial, excepto que la humanidad lo está viendo a través de una visión deteriorada en una guerra cataclísmica. El equilibrio se ha alterado y los nervios se han roto, y la fiebre ha vuelto irracionales a los hombres.’ Pero en todo ello, buscaba hacer sentir a sus compatriotas que ellos y su país eran distintos y les decía: ’aquí en los Estados Unidos solamente vemos la reacción, en lugar del problema en sí mismo, pero seguimos pensando con claridad; y queremos actuar con rectitud; pretendemos aferrarnos firmemente a todo lo que era nuestro antes de involucrarnos en la guerra y buscar los logros más altos, que son las únicas compensaciones que una tragedia de tal magnitud puede enseñar a la humanidad.’


Asimismo, enfatizaba que era necesario conducirse bajo las normas de la decencia y honestidad en todos los aspectos, pero ante todo en lo relacionado con los asuntos económicos. Eso no era todo, agregaba que ’los Estados Unidos requiere en estos momentos no acciones heroicas, sino curativas; no una reforma política o social, sino un regreso a la normalidad; no una revolución, sino una restauración; no la agitación, sino un ajuste; no una cirugía, sino serenidad; no lo dramático, sino lo desapasionado; no experimentos, sino equilibrio; no sumergirse en la internacionalidad, sino sostenerse en una nacionalidad triunfante. Una cosa es luchar con éxito contra la dominación del mundo por la autocracia militar, porque el Dios infinito nunca tuvo la intención de tal programa, pero otra cosa es revisar la naturaleza humana y suspender las leyes fundamentales y todos los logros alcanzados en la vida ...’ En ese contexto de volver a la normalidad utópica que existía antes de todo, Harding enfatizaba que si los EUA eran capaces de poner ’fin a la economía falsa que lleva a la humanidad hacia el caos, el nuestro será un ejemplo que habrá de mostrar cómo debe de ejercerse el liderazgo mundial en este momento.’ Pero no era todo, agregaba que ’si ponemos fin a la falsa economía que atrae a la humanidad al caos, el nuestro será un ejemplo dominante de liderazgo mundial. Si podemos probar que somos un gobierno popular representativo bajo el cual la ciudadanía busca que puede hacer por el gobierno en lugar de lo que el gobierno puede hacer por los individuos, [si a usted le suena que esto lo ha escuchado en otro lugar, favor de remitirse al discurso de toma de posesión de John F. Kennedy el 20 de enero de 1961] en estaremos en condiciones de lograr que la democracia sea más segura para el mundo, algo que ningún conflicto armado jamás ha podido alcanzar.’ Tras de tal intervención, Harding continuo sus actividades que lo llevaría a convertirse en el candidato del Partido Republicano. Tras de una campaña realizada desde el portal de su vivienda en Marion, Ohio, mientras que su compañero de fórmula, el gobernador de Massachussets, Calvin Coolidge lo hacía desde la suya en Boston, Harding hubo de enfrentar cuestionamientos que le imputaban un origen oscuro con ancestros de la raza negra y el hecho de haberse casado con Florence Mabel Kling, una mujer divorciada y madre de un hijo de ese matrimonio. Su opositor por el Partido Demócrata era el gobernador de Ohio, James Middleton Cox, a quien acompaña Franklin Delano Roosevelt. Sin embargo, Cox no podía atacar a Harding por asuntos personales ya que él era divorciado, además de ser partidario de que se levantara la prohibición de consumo de alcohol y había expresado su apoyo para que los EUA se incorporara a la Liga de las Naciones. En ese entorno fueron, el 2 de noviembre de 1920, a las urnas y emitieron su veredicto.
Para sorpresa de todos, Harding obtuvo una victoria abrumadora con 16.2 millones de sufragios contra 9.1 millones que logró Cox. Nunca en la historia de los EUA, un candidato presidencia había logrado obtener el 60 por ciento de los sufragios. Al parecer, la mayoría estaba ansiosa de regresar a la ’normalidad’ de antes. Teniendo como respaldo esa carta de legitimidad a su propuesta, Harding tomó posesión del cargo, el 4 de marzo de 1921, como el presidente numero 29 de los EUA. En su discurso de toma de protesta, mencionó que ’el mundo de los negocios refleja las perturbaciones generadas por la guerra…El mecanismo económico es complejo y sus partes interdependientes, lo cual ha generado reacciones provocadas por demandas anormales, elevación en el costro del crédito e inflación en los precios de los productos. Se han deteriorado los equilibrios normales, los canales de distribución se han obstruido, se han tensado las relaciones laborales y de gestión. Debemos buscar el reajuste con cuidado y coraje. Nuestra gente debe dar y recibir. Los precios deben reflejar el retroceso de la fiebre de las actividades de guerra. Quizás nunca volveremos a conocer los viejos niveles de salarios, porque la guerra invariablemente reajusta las compensaciones, y las necesidades de la vida mostrarán su relación inseparable, pero debemos luchar por la normalidad para alcanzar la estabilidad. Las medidas que tomaremos no dejarán de ser dolorosas, ni sus efectos habrán de sentirse de manera uniforme. No hay forma de evitarlo. No hay un paso instantáneo del desorden al orden. Debemos enfrentar una condición de realidad sombría, cargar nuestras pérdidas y comenzar de nuevo. Es la lección más antigua de la civilización. Me gustaría que el gobierno hiciera todo lo posible para mitigar; entonces, en comprensión, en mutualidad de interés, en preocupación por el bien común, nuestras tareas serán resueltas. Ningún sistema hará un milagro. Cualquier experimento salvaje solo aumentará la confusión. Nuestra mejor garantía radica en la administración eficiente de nuestro sistema que ya ha sido probado.’ Bajo esa premisa iniciaba la administración de Harding quien se hizo acompañar de personajes diversos.
El presidente estadounidense decidió contar con las mentes más preclaras para integrar su equipo de trabajo. Al frente del Departamento del Tesoro nombró a Andrew William Mellow; en el de Comercio a Herbert Clark Hoover; en el de Agricultura a Henry Agard Wallace; en Guerra a John Wingate Weeks; y, en el Departamento de Estado colocó a Charles Evans Hughes Sr. Si bien esta alineación alcanzaba niveles de excelencia, Harding tenía pendiente cubrir la cuota política y la de amistad que todo candidato carga en sus alforjas. Para cubrir la primera colocó en el Departamento del Trabajo a James John Davis; y, como administrador de correos a Will Harrison Hays Sr. Como resultado de las relaciones amistosas con el presidente, accedieron al cargo de procurador de justicia a Harry Micajah Daugherty y como encargado del departamento de veteranos a Charles Robert Forbes. Por una combinación de ambos factores, el nombramiento al frente del Departamento de Marina recayó en Edwin L. Denby, mientras que como secretario del interior fue asignado Albert Bacon Fall cuya designación fue confirmada, por primera y única vez en la historia estadounidense, por aclamación unánime de los integrantes del Senado. Respecto a este personaje debemos de recordar que, apenas unos meses antes de dicho nombramiento, estaba encargado de una comisión senatorial cuyo objetivo era que nuestro país se convirtiera en un protectorado estadounidense. Sobre esto comentamos ampliamente en nuestro libro ’El Senado estadounidense enjuicia a México y al presidente Carranza, ’(INEHRM, 2017). Pero dejemos autopromociones y retornemos a los días de la presidencia de Harding.
El retorno a la normalidad de Harding puede dividirse en dos grupos grandes. En uno, se colocan, Mellow, Hoover, Wallace y Weeks quienes operaban bajo la premisa de ’menos gobierno en los negocios y mas negocios en el gobierno.’ Para ellos, como para el presidente, era la comunidad de los hombres de negocios la que proveía con una identidad a los EUA. Los miembros de ese grupo hacían bien su trabajo y, a pesar de diferencias de criterio entre ellos, las medidas tomadas mostraban que eran las correctas y la economía marchaba bien. A la par, sin embargo, se encontraban otros miembros del gabinete quienes entendían que había arribado ahí no para mejorar la situación de las empresas, sino para beneficiarse de los negocios que ellos hicieran al amparo del cargo. En este grupo operaban Daugherty, Forbes, Denby y Fall. En medio de todo ello, la presidencia de Harding se aderezaba con el comportamiento del primer mandatario a quien la hormona no lo dejaba en paz y era muy dado a buscar tranquilizarla emprendiendo correrías fuera de los aposentos presidenciales. Asimismo, no perdonaba su partida diaria de cartas que realizaba junto con el denominado ’Ohio Gang,’ integrado por sus amigos, reuniones que, a pesar de la Prohibición, eran acompañadas de caldos espirituosos que hacían más llevaderas las tardes-noches. En medio de todo este regreso a la ’normalidad,’ se empezó a rumorar que miembros del gabinete andaban desatados haciendo ’negocios’ al amparo del cargo.
El primero sobre quien se despertaron sospechas fue sobre el procurador Daugherty, uno de sus amigos mas cercanos, Jesse Smith, quien por esa vía se acercó al presidente Harding, se vio involucrado en una acusación de vender protección, por 250 mil dólares, a un traficante de alcohol. Cuando se vio descubierto, se suicidó en el departamento del procurador con quien vivía, pero no crea usted que por eso que se imagina, sino porque lo estimaba como un hijo. Mas tarde, en 1924, se conocerían otros pecados de Smith quien, asociado con el coronel Thomas W. Miller, lograron vender la firma alemana American Metal Company a una empresa estadounidense mediante una donación a los intermediarios de poco mas de 400 mil dólares. El deposito de tal dinero se realizó en una cuenta mancomunada a nombre de Smith y Daugherty. Tras de enfrentar un juicio en el Senado en donde Miller dijo haberse enterado de todo hasta después de la muerte de Smith y Daugherty se negó a testificar. Al primero, le impusieron 18 meses de cárcel y una multa de cinco mil dólares. El segundo vio como el jurado se desistía de los cargos y siempre negó haber participado en el cochupo.
El caso segundo caso fue el de Forbes quien se dedicó a vender a precios menores al costo implementos médicos propiedad del gobierno. En ese esquema, se vendieron artículos que valían millones de dólares por 600 mil. Asimismo, aceptaba sobornos a la hora de las licitaciones para la construcción de hospitales nuevos y, a la vez, adquirían terrenos, a precios inflados, en los cuales habrían de edificarse nuevos centros de atención de la salud. Lugares que valían 35 mil y 19 mil dólares los pagaron en 90 mil y 105 mil dólares. Cuando el presiente Harding se enteró de esta sinvergüenzada mandó llamar a Forbes y en la Oficina Oval, entre insultos, lo tomó del cuello hasta que se apareció alguien por ahí y le salvó la vida al felón quien tuvo la suerte de que le permitieran renunciar e irse a Europa en lugar de mandarlo a una mazmorra. Ahí no concluían las cosas.
El juzgador de México, Albert B. Fall, se vería involucrado en otro de los escándalos. En mayo de 1921, convenció al secretario Denby que unos terrenos con reservas petrolíferas, administrados por la Marina, deberían pasa al departamento del interior. Entre ellos, se encontraban los de Elk Hills en California y los Teapot Dome en Wyoming. Sin que mediara licitación pública, el primero se los rentó a sus amigos Edward L. Doheny de la Pan-American Oil Company y el segundo a Henry Sinclair de la Sinclair Consolidated Oil Corporation. A cambio de la renta, en el caso de Doheny, se establecía que construiría un oleoducto, una refinería en California y tanques de almacenamiento en Pearl Harbor. Por su parte, Sinclair obtenía permiso por veinte años y le pagaría al gobierno regalías de 16 porciento sobre lo que extrajera, además de construir tanques de almacenamiento y un oleoducto que serían utilizados por la Marina. Sin embargo, las sospechas empezaron a crecer y, en abril de 1922, el Senado empezó una investigación. En marzo de 1923, Fall renunció a su cargo más porque se sentía desplazado en el ánimo presidencial y no debido a imputación alguna relacionada con la renta de los terrenos. Así trascurrieron los meses y el presidente Harding decidió que para aliviar un poco la presión realizaría un viaje hacia la costa oeste del país, mismo que inició el 20 de junio de 1923.
En dicho periplo visitó ciudades de Missouri, Colorado, Utah, Montana, Oregon, Washington, Alaska y California. Seria en este estado, en San Francisco, en donde el presidente sufriría el recrudecimiento de sus males cardiacos complicados con bronconeumonía los cual lo llevaría a su fallecimiento el 2 de agosto. Contrario a la leyenda, la popularidad de Harding en ese momento era alta, la economía iba bien y la población en general poco se sabía de los escándalos de corrupción. Durante el trayecto de San Francisco a Washington, miles de personas se formaron a lo largo de las vías del ferrocarril para rendir respetos al difunto. Sin embargo, aquello empezaría a verse manchado.
En el otoño de 1923, iniciaron las audiencias senatoriales. Se acusó a Doheny y Sinclair de haber dado dinero a Fall para que realizara mejoras en su rancho de New Mexico. En enero de 1924, Doheny acepto haber prestado 100 mil dólares a Fall, pero nada tenían que ver con la renta de los terrenos. Al final, se determinó que Fall recibió más de 400 mil dólares de ambos petroleros. Fall fue sentenciado a un año de prisión, cumplió nueve meses, y se convirtió en el primer secretario del gobierno estadounidense que habitó en una cárcel. Además, tuvo que pagar 100 mil dólares. Doheny y Sinclar no fueron acusados, pero les despojaron de los terrenos que tenían en renta. Con ello, la imagen del gobierno del presidente Harding quedó sellada con la mancha de la corrupción y nadie recuerda que, en esos años, la economía de los EUA inició una era de prosperidad que terminaría en 1929. De esa manera concluyó aquello que el presidente Harding clamaba sería el ’retorno a la normalidad.’ Desde entonces, a ningún presidente estadounidense se le ha ocurrido invocar eso de un regreso a la ’normalidad.’ ¿Porque será? [email protected]
Añadido (1) ¿Dónde quedó el psiquiatra a la hora de defender a sus colegas? ¿Será que él ya solamente se ocupa de asuntos que tengan que ver con actividades de cultivo relacionadas con el respaldo al líder del ’mundo mundial’?
Añadido (2) Es incapaz de leer correctamente una cifra de ocho dígitos. Confirma lo que siempre creímos, en otros tiempos, con dificultades le hubiera alcanzado para ser auxiliar de analista.
Añadido (3) Cuando anunciaron que sería secretario, quienes lo conocen nos dijeron: ’pero si fracasó como jefe de departamento…’ Hoy, está encargado de que ’vayamos hacia esa nueva mortal… perdón, normalidad…’
Añadido (4) En donde se encuentren, Adam Smith, David Ricardo, Malthus, Quesnay, Say, Mill, Marx, Von Hayek, Schumpeter, Marshall, Veblen, Fisher, Keynes, Robinson, Myrdal, Samuelson, Friedman y varios más, con toda certeza, están muy tristes. Ya se enteraron de que, pronto, sus teorías económicas habrá de pasar a un segundo y tercer plano. En donde menos lo esperaban, apareció quien revolucionara la ciencia económica. Falta poco para que seamos testigos de acontecimiento tan extraordinario.


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