Se hizo igual a nosotros hasta en la muerte


’ Este enseñar con autoridad es nuevo ’

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Se hizo igual a nosotros hasta en la muerte

Religión

Enero 11, 2021 23:56 hrs.
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La Palabra de Dios

Martes 12 enero, 2021

Primera Lectura
Heb 2, 5-12
Hermanos: Dios no ha sometido a los ángeles el nuevo orden de la salvación, del cual estamos hablando. Un salmo lo atestigua solemnemente diciendo: ¿Qué es el hombre, para que de él te acuerdes, ese pobre ser humano, para que de él te preocupes? Sin embargo, lo hiciste un poquito inferior a los ángeles, lo coronaste de gloria y dignidad. Todo lo sometiste bajo sus pies.

Al decir aquí la Escritura que Dios le sometió todo, no se hace ninguna excepción. Es verdad que ahora todavía no vemos el universo entero sometido al hombre; pero sí vemos ya al que por un momento Dios hizo inferior a los ángeles, a Jesús, que por haber sufrido la muerte, está coronado de gloria y honor. Así, por la gracia de Dios, la muerte que él sufrió redunda en bien de todos.

En efecto, el creador y Señor de todas las cosas, quiere que todos sus hijos tengan parte en su gloria. Por eso convenía que Dios consumara en la perfección, mediante el sufrimiento, a Jesucristo, autor y guía de nuestra salvación.

El santificador y los santificados tienen la misma condición humana. Por eso no se avergüenza de llamar hermanos a los hombres, cuando dice: Hablaré de ti a mis hermanos; en medio de la asamblea te alabaré.
Palabra de Dios
Te alabamos. Señor

Salmo Responsorial
8, 2ab y 5. 6-7. 8-9
R. (cf 7) Diste a tu Hijo el mando sobre las obras tus manos.
¡Que admirable es Señor y Dios nuestro,
tu poder en toda la tierra!
¿Qué es el hombre, para que de él acuerdes;
ese pobre ser humano, para que de él te preocupes?
R. Diste a tu Hijo el mando sobre las obras tus manos.
Sin embargo, lo hiciste un poquito inferior a los ángeles,
lo coronaste de gloria y dignidad,
le diste el mando sobre las obras de tus manos
y todo lo sometiste bajo sus pies.
R. Diste a tu Hijo el mando sobre las obras tus manos.
Pusiste a su servicio los rebaños y las manadas,
todos los animales salvajes,
las aves del cielo y los peces del mar,
que recorren los caminos de las aguas.
R. Diste a tu Hijo el mando sobre las obras tus manos.


Aclamación antes del Evangelio
Cfr 1 Tes 2, 13
R. Aleluya, aleluya.
Reciban la palabra de Dios, no como palabra humana,
sino como palabra divina, tal como es en realidad.
R. Aleluya.

Evangelio
Mc 1, 21-28
En aquel tiempo, llegó Jesús a Cafarnaúm y el sábado siguiente fue a la sinagoga y se puso a enseñar. Los oyentes quedaron asombrados de sus palabras, pues enseñaba como quien tiene autoridad y no como los escribas.

Había en la sinagoga un hombre poseído por un espíritu inmundo, que se puso a gritar: ’¿Qué quieres tú con nosotros, Jesús de Nazaret? ¿Has venido a acabar con nosotros? Ya sé quién eres: el Santo de Dios’. Jesús le ordenó: ’¡Cállate y sal de él!’ El espíritu inmundo, sacudiendo al hombre con violencia y dando un alarido, salió de él. Todos quedaron estupefactos y se preguntaban: ’¿Qué es esto? ¿Qué nueva doctrina es ésta? Este hombre tiene autoridad para mandar hasta a los espíritus inmundos y lo obedecen’. Y muy pronto se extendió su fama por toda Galilea.
Palabra del Señor
Gloria a ti, Señor Jesús

Reflexión del Evangelio de hoy

Se hizo igual a nosotros hasta en la muerte
Muchas veces, y posiblemente más en estos tiempos difíciles de enfermedad y dolor que nos está tocando vivir, no llegamos a alcanzar por qué Dios "permite el sufrimiento". Nuestra mente no llega a alcanzar el sentido del dolor. Pero tenemos sobrados ejemplos a lo largo de la Historia, empezando por la Pasión y muerte de Cristo, que nos dicen que en el dolor hay virtud, hay sentido, hay salvación.

Todos recordamos los últimos años de San Juan Pablo II: invadido por la enfermedad, roto de dolor, aferrado al báculo de la Cruz, no quiso dejar de servir a los hermanos. Su última lección fue dejarse la vida por la Iglesia. Vivió su propio Calvario del que todos fuimos testigos. En un mundo que rechaza el dolor, que lo intenta ocultar, que menosprecia la vejez y no admite todo lo que no sea bello, joven y hermoso, el Santo Papa nos dio un gran ejemplo de que el sufrimiento no es en vano. Se hizo como Cristo bebiendo hasta la última gota del cáliz.

Jesús aceptó la voluntad del Padre, sufrió y dio su vida por nuestra Salvación. Sea nuestra guía y en los momentos de sufrimiento ofrezcamos nuestros padecimientos por los demás, pensemos que tenemos un tesoro en nuestras manos, un medio de pedir por el prójimo. Pensemos que Dios sabrá ser generoso con nosotros. En nuestra vida, como cristianos, todo tiene un sentido, nada es inútil. No intentemos entenderlo todo, abandonémonos en brazos de Dios, al fin y al cabo es Padre y siempre quiere lo mejor para sus hijos.

Este enseñar con autoridad es nuevo
Jesús va a predicar a la sinagoga y los judíos se asombran de la autoridad con la que habla hasta el punto de ver algo nuevo en Él. Y es que en Cristo es todo nuevo, tan nuevo que cambió el mundo para siempre.

¿Cómo no va a tener autoridad el que viene del Padre y es uno con Él? Pero no solo habló en esa ocasión, lo hizo abiertamente durante tres años: en las calles, en las plazas, en el templo, en el campo, a orillas del mar...Y no solo hablaba: Hacía. En este pasaje vemos como libera a un pobre hombre del mal espíritu que le atormentaba, ante el asombro de todos. Aquí el Evangelio nos presenta al Jesús que enseña y al Jesús que cura. Y lo mismo podemos, y debemos, aplicar en nuestras vidas; no podemos limitarnos a dar "buenos consejos" al hermano que sufre, también es nuestro deber ayudarle en lo que podamos, darle nuestra mano. Un viejo refrán castellano dice: "menos predicar y más dar trigo". Y eso debemos hacer nosotros, prestar apoyo espiritual material hasta donde alcancemos, en eso notarán que somos discípulos de Cristo.

Estamos llamados a colaborar en la creación de un mundo nuevo, a ser incómodos si es necesario ante las injusticias, a tender la mano a quien lo necesite sin mirar ni quien es, como hizo el buen samaritano. Y esto se consigue con un corazón abierto a la Palabra de Dios. Os animo a leer todos los días el Evangelio con actitud de oración, es Cristo quien nos habla. En ella tenemos la fuente en la que calmar nuestra sed.

D. Luis Maldonado Fernández de Tejada, OP
Fraternidad Laical de Santo Domingo, de Almagro


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