Tranquillo Bianchi de Antonio Olea Pérez - El cónsul italiano de la Guerra Civil en Málaga - Pachuca - todotexcoco.com


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Tranquillo Bianchi de Antonio Olea Pérez


El cónsul italiano de la Guerra Civil en Málaga

Tranquillo Bianchi de Antonio Olea Pérez

Noviembre 22, 2021 09:14 hrs.
Literatura Internacional › México
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Semblanza Literaria del escritor Antonio Olea Pérez.

Antonio Olea Pérez nació en Málaga (España) el 30 de agosto de 1958.
Es pintor, poeta y escritor.

Entre sus poemas más emblemáticos ese encuentra el titulado "El Viento", publicado en el poemario colectivo "Reflejos 7", publicado en 2016 por la editorial italiana Pagine.

Entre sus pinturas destaca el pastel "Mujer secándose en el sofá después del baño".

Su novela "Tranquillo Bianchi. El cónsul italiano de la Guerra Civil en Málaga" fue publicada en noviembre de 2018 por Ediciones del Genal.
Esta novela histórica actualmente se encuentra en estudio para la planificación de un proyecto cinematográfico, concretamente en la Asociación cultural cinematográfica italiana del Premio Apoxiomeno, que anualmente otorga un premio reconocido a nivel internacional.

𝐓𝐫𝐚𝐪𝐮𝐢𝐥𝐥𝐨 𝐁𝐢𝐚𝐧𝐜𝐡𝐢.

𝐑𝐄𝐒𝐔𝐌𝐄𝐍 𝐃𝐄 𝐋𝐀 𝐍𝐎𝐕𝐄𝐋𝐀
✓Todo comenzó —me refiero al origen de haber llegado a escribir esta historia— cuando yo tenía apenas siete años. Una tarde del verano de 1965, me presenté solo en el cementerio de San Rafael, en Málaga (España), ante la simbólica tumba de un hermano de mi madre —él descansaba en realidad en la fosa común que había debajo— que había sido fusilado durante la Guerra Civil. Me planté delante de aquella tumba no sabría decir durante cuánto tiempo. Aquello lo repetí dos tardes más; pero fue a la tercera vez, que un hombre se acercó y me dijo: «¿Sabes quién mató al muchacho que figura en esa lápida?... ¡Franco! ¡Franco lo mató!». Desde el día en que aquel hombre me dijo tales palabras, algo me empujó con el paso de los años a querer saber más sobre aquella etapa y del porqué fusilaron a mi tío cuando aún era menor de edad, y esta obra fue el resultado.

Cierto día de 1991 decidí escribir sobre la Guerra civil. Sin pensármelo mucho me dirigí a casa de mis padres y le pregunté a mi madre sobre las causas que llevaron a su hermano a ser ejecutado. De entre los datos que me reportó, quedaron grabadas en mis oídos tres palabras: ‘el cónsul italiano’; sobre todo cuando me dijo que dicho diplomático del Gobierno de Mussolini salvó anteriormente a su hermano, considerado republicano, dos veces de ser fusilado, no pudiendo salvarlo una tercera vez. Me pregunté que aquello no podía ser posible: ¿un cónsul fascista tratando de salvar a un «rojo»?...

A partir de aquel momento comenzó toda una odisea para informarme sobre Tranquillo Bianchi, cónsul italiano en Málaga durante la contienda española, y que llevado por su determinación y coraje logró salvar a alrededor de 1.300 personas de los dos bandos en lucha. Desde que supe de él, dicho personaje me absorbería hasta el punto de sacrificar mi vocación pictórica, dedicando todo mi tiempo libre a seguirle la pista y recabar datos. Después de años de investigación, pude dar en el año 2004 con el paradero de su familia, que radicaba en Argentina. Ese mismo año viajé hasta allá, pudiendo rescatar para mi país y particularmente para la historia de Málaga, la memoria de este singular y especial cónsul, héroe en la Gran Guerra e igualmente en la Guerra Civil Española, y que no fue menos durante la Segunda Guerra Mundial.

Bianchi nació en Sormano en 1892, en los alrededores del lago de Como, en el establo de sus abuelos maternos, viviendo una infancia algo dura por la sobriedad con que se vivía en aquella etapa. Cuando tenía cinco años, su padre decide irse con su familia a trabajar y vivir en La Selva Negra, concretamente a Triberg, en la localidad de Schonach. Tranquillo Bianchi estudió Ingeniería en Karlsruhe. A los diecinueve años, en unas vacaciones, cayó en sus manos el libro Los Miserables, de Víctor Hugo, basado en la miserable vida de la Francia del primer tercio del siglo XIX. Este hecho puede decirse que fue fundamental en la vida del futuro cónsul, toda vez que las injusticias que viven los protagonistas de esta historia marcarán a Bianchi en su proceder a lo largo de su vida. En definitiva, la novela, que razona sobre el bien y el mal; sobre la ley; la política; la ética; la justicia; y la religión, se convertiría en su Biblia personal, en los mandamientos a seguir contra todo acto de injusticia con que tropezara en su vida este extraordinario cónsul.

Terminada la Gran Guerra, en la que participa y donde sería condecorado varias veces por actos de valor y heroísmo, Tranquillo Bianchi viaja a Roma para tratar de conseguir algún trabajo en el Ministerio de la Guerra, donde le dan el formulario de un examen para trabajar como agregado militar. Realiza el examen y sale bien. Consigue el puesto en Berlín, lo que le viene muy bien, dado su perfecto alemán. Después de más de tres años allí pidió el traslado a Stettin, que aún pertenecía a Alemania; pero ya como agente consular. En este país estuvo un total de once años.

En las vacaciones de 1928 tocan puerto en Málaga (España). A Concettina, su esposa, le recuerda Sorrento. Cansados de los días grises y tristes de Alemania, no se lo piensan y Bianchi pide el traslado a la luminosa Málaga, siéndole concedido. Es en 1929 cuando radican en la Costa del Sol. Pasaron siete plácidos años para la familia Bianchi antes de que el 18 de julio de 1936 comenzara la Guerra Civil Española.

Es en esta nueva etapa de la historia de España cuando dicho agente consular decide poner a salvo a cuantas personas pueda, toda vez que el golpe militar no fructificó en Málaga y las milicias republicanas se convirtieron en jueces y verdugos de innumerables personas a las que detenían por el simple hecho de ser religiosos, empresarios, o de la burguesía. El día 13 de agosto de 1936, algo más de tres semanas después de producirse el golpe militar franquista, escapa de Málaga en el buque de guerra italiano Giovinezza, ya que habían intentado asesinarle dos veces.

Sería a partir de la toma de Málaga por las tropas franquistas cuando se desarrollaría su gran labor humanitaria. La Pimpinela negra, como así apodó a Bianchi un general, se dedicó con gran intensidad a salvar la vida de centenares de personas republicanas próximas a ser fusiladas por las autoridades del nuevo régimen franquista, convirtiéndose en «el primer Schindler» del siglo XX.

Antonio Olea Pérez

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