Opinión

Vargas, ¡Averígüelo…!

Por Baltazar Jiménez Rosales

Vargas, ¡Averígüelo…!

Periodismo

Enero 26, 2021 20:18 hrs.
Periodismo Estados › México Guerrero
Por Baltazar Jiménez Rosales › guerrerohabla.com


El periodista de quien aprendí el trabajo, los secretos y la pasión que encierra la Redacción de un periódico es don Enrique Vargas Orozco.
Corría el año de 1993 —por ahí de abril o mayo— cuando presionado por mi compay Miguel Ángel Carrada Vega fui a pedir trabajo a El Sol de Chilpancingo, de tal suerte que fue precisamente don Enrique quien me atendió en su calidad de Director de ese rotativo y después de platicar por un breve momento me dijo que comenzaba a trabajar a partir del día siguiente.
Fueron días de intenso aprendizaje, de mucho estrés, ya que apenas hacía unos cuantos meses había egresado de la Escuela de Ciencias de la Comunicación, sí, como Licenciado en Ciencias de la Comunicación, pero con infinidad de carencias, aun cuando mis ’negros’ hermosos Jaime y Ángel Irra ya habían comenzado a ’desaburrirme’ —quitarme lo burro, pues— en la Agencia IRSA —así, con ’S’ de Salazar.
Pronto don Enrique se dio cuenta de mis múltiples carencias, aunque también de las ganas que tenía de aprender el oficio de ’tundemáquinas’, por lo que le agradezco la paciencia que tuvo para conmigo, haciéndome pasar por todas las áreas de la Redacción y fuentes periodísticas, desde secretario de Redacción, Corrección de Estilo, reportero de Información General, Nota Roja, hasta que finalmente con cierta experiencia llegué a Jefe de Información.
Todavía recuerdo aquella ocasión cuando Pedro Julio Valdez Vilchis, quien al dejar la Diputación Local regresó a ocupar la Dirección General del periódico, me llamó a su oficina y me puso ’barrido y trapeado’; me hizo sentir que definitivamente no servía para ’aporreateclas’.
Vargas —como siempre— estaba sentado al fondo de la oficina. Me acerqué, puse mis manos sobre el escritorio y le pregunté, palabras más, palabras menos: ’Señor, ¿en serio soy tan pendejo?
Me regresó a ver y con su voz cascada me respondió:
—No te preocupes, sí tienes tus errores, pero no estás tan mal. El pendejo es él. Ponte a trabajar.
No se si en esa ocasión lo dijo para hacerme sentir bien o porque realmente veía ’algo’ en mi, pero sus palabras me reconfortaron.
De don Enrique aprendí muchas cosas viéndolo trabajar, ya que es muy limpio, serio y responsable.
Desde hace varios días, Vargas atraviesa por un serio problema de salud, por lo que con todo el cariño y respeto que le tengo, ruego a Dios, mi Virgencita de Guadalupe y a mi Señor San José, por su pronto restablecimiento.
Vargas… ¡Averígüelo!


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